Por abusos y prostitución, Japón quiere prohibir celulares en escuelas

Tokio. – Primero extorsionaron a su víctima. Una y otra vez, cuatro estudiantes de secundaria enviaron a su compañero de 18 años mensajes SMS con exigencias para entregar dinero. Luego subieron a Internet una foto del alumno desnudo, junto al nombre y correo de la víctima.

El joven comenzó a recibir entonces más SMS, también de otros alumnos que se burlaban de él. Al final, el chico de 18 años no halló escapatoria y se suicidó lanzándose desde el techo del colegio. El caso, que causó conmoción en la ciudad de Kobe, no es el único en Japón, país en el cual muchos escolares usan celulares para cometer abusos.

Una y otra vez, en el país por excelencia de los móviles salieron a la luz pública casos en los que los celulares eran la plataforma de comunicación, tanto para los delicuentes como sus víctimas, además de ser considerados por la sociedad como una razón de los problemas.

El problema abarca desde abusos contra alumnos y profesores, prostitución de chicas estudiantes a través de páginas de contacto en Internet hasta instrucciones para el suicidio. Ahora el Estado quiere actuar y prohibir los celulares en las escuelas públicas del país.

Según informes de prensa, el Ministerio de Educación en Tokio pretende informar hasta fines de enero a las autoridades educativas en todo el país de que los móviles deben desaparecer de las escuelas básicas y secundarias del país.

Sin embargo, los críticos dudan que los problemas simplemente se resuelvan mediante una normativa gubernamental. “Incluso a pesar de estar seguro de que un niño tenga un móvil, no se lo puedo quitar simplemente por la fuerza. Podrían acusarme de aplicar castigos corporales”, señala una profesora de Osaka al diario “Asahi Shimbun”.

Según una encuesta del comité educativo de la prefectura de Tokio, entre 11.000 escolares de las escuelas públicas, un 33,2 por ciento de los niños de 10 años ya tiene un celular propio. Entre los jóvenes de 15 años, es el 73,3 por ciento, y entre los de 16, un 95,4 por ciento.

Según otro estudio de la prefectura de Osaka, entre los niños de 13 años, uno de cada seis habla más de tres horas diarias por celular. Entre los chicos de 16 años, es uno de cada tres. Además, uno de cada seis entre los jóvenes de 16 reconoce enviar diariamente más de 50 SMS.

No asombra el resultado de otra investigación, según la cual en casa los niños estudian menos mientras más tiempo pasan con el celular.

En Japón, que según los expertos en tecnología móvil está dos a tres años adelantado a Europa, y donde es imposible imaginar la vida sin los “keitai” (móviles) con acceso a Internet, hace muchos que los celulares sirven para más que telefonear o enviar SMS.

Con los móviles se pueden pagar buses, trenes e incluso taxis, ver televisión gratis, reservar viajes de vacaciones, leer comics Manga y novelas enteras.
Sin embargo, la oferta celular también incluye pornografía, páginas de Internet en las cuales suicidas acuerdan una muerte grupal y páginas “deai-saito”, a través de las cuales frecuentemente adultos logran contactos sexuales con alumnas.

Según una encuesta, uno de cada diez alumnos de educación básica tuvo contacto con estos contenidos. Aunque recientemente se reforzó la ley y los administradores de Internet deben borrar las inscripciones de menores de 18 años que se ofrecen para la prostitución, así como a los adultos que buscan a estos menores, no está claro que sea efectivo.

Según la policía nacional, en un mes después del cambio de la ley fueron denunciadas a las autoridades más de 1.600 páginas de contactos de Internet.

El joven gobernador de Osaka, Toru Hashimoto, recientemente causó conmoción tras abogar por prohibir los celulares en los colegios. Hasta ahora, los propios colegios deben decidir cómo lidian con el problema. Muchos impusieron prohibiciones con anterioridad, aunque con escaso éxito.

El ministro de Comunicación de Japón, Kunio Hatoyama, apoya la propuesta de Hashimoto: “Las personas demasiado dependientes del correo electrónico en celulares podrían perder sus habilidades comunicativas”, dijo.

Sin embargo, no todos apoyan la prohibición de los móviles en los colegios. El gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, cree que hay que dejar el asunto en manos de los padres, según la agencia de noticias Kyodo.

Otros creen que los celulares son útiles porque así las escuelas y los padres pueden ubicar a sus hijos y asegurarse de que están bien. Otros, como el profesor Shigeki Ito de la Universidad de Komazawa, duda de que la prohibición en los colegios tenga efecto. Agrega que, después de todo, los niños siguen utilizando sus celulares después de clases.(DPA)

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2009/01/26/noticia_0037.html

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Anime Kingdom

Made in Japan and exported to the rest of the world, anime is growing in popularity and is now invading SA. By Benji Pienaar

South African television viewers would be hard-pressed not to recognise the wide-eyed, wild-haired stars of the anime universe. They may assume, incorrectly, that these illustrated characters are the stuff of children’s entertainment as they make an appearance on television shows such as Pokémon and Dragon Ball Z. But anime’s history in the country goes back to the eighties, with much-loved shows such as Maya the Bee, Robotech and the short-lived Thundercats, all of which now have an adult following, firmly entrenching the art of anime, or Japanese animation, as a reputable, if somewhat fringe pastime. Manga, its comic book counterpart, is often the inspiration for anime, along with light novels, movies and video games.

Rumours persist that anime has been around since 1917 in Japan, but there is no concrete proof of this. Rather, the history of anime only becomes truly significant from the seventies onwards. At the time, television was becoming much more common and profitable than the Japanese film market, so young animators ventured to new studios or founded their own to take advantage of this opportunity. These studios and fledgling directors experimented with a variety of ideas and techniques, and in doing so, created a whole new entertainment art form – television anime.

The eighties are commonly believed to be the start of the anime Golden Age, when anime was accepted as a mainstream entertainment form in Japan, and subsequently experienced huge growth in production. That was when several iconic series, including Macross, more commonly known to us as Robotech, were produced. Robotech was translated into English and screened in America, Europe and South Africa.

Anime productions in the eighties gained such devout followings that a genuine subculture was formed. In response to this, many anime-focused magazines were published, and followers of the subculture eventually became known as otaku , a Japanese slang term for a fanatic. This otaku subculture influenced emerging studios, such as Gainax and Ghibli, in the anime industry. Both studios are still producing anime to this day, and Studio Ghibli even went on to win an Oscar for Best Animated Feature for Spirited Away in 2002. The movie also garnered a Golden Bear for Best Animated Feature at the 2002 Berlin Film Festival.

Anime production slowed down a bit following the failures of many late eighties’ films. This prompted anime studios to find ways to produce lower budget anime television series, ushering in the now infamous Dragon Ball Z, Pokémon and Sailor Moon – all of which kickstarted new genres and major franchises, and spawned video games, trading cards and movies — even live action ones.

The nineties saw the release of some great anime titles, the most significant of which, Ghost in the Shell, hugely influenced The Matrix. Ghost in the Shell became a cult classic, both in Japan and internationally, and was so successful that an anime TV series and a second anime movie were eventually produced.

In 1997, Hayao Miyazaki from Studio Ghibli produced the most expensive anime film ever up to that point. Princess Mononoke cost 20 million to produce, but was so well received that it was dubbed into English and featured the vocal talents of Claire Danes, Billy Bob Thornton and Gillian Anderson.

While anime in Japan is now firmly mainstream, South Africa’s anime following only started showing signs of life in the late nineties. The entertainment form remained strictly fringe, with fans desperate to get their hands on a steady supply, and it was only in the noughties that the scattered anime fanbase really began to form a community.

This was achieved primarily by the growing number of fans starting their own anime clubs to host promotional events. Usually, these events included anime screenings, but some also catered for cosplay (dressing up as anime characters), AMVs (anime music videos), and fanart competitions.

Before anime was widely available in South Africa, many a South African fan was introduced to the genre on DStv’s Sci-fi channel on Saturday nights. Fans then tried to source anime locally, prompting enterprising entrepreneurs to open individual anime stores in Gauteng. Over the years, they have started popping up nationwide.

The Internet also played a huge, if not pivotal role in growing the local and international anime scene.

While events and fan networks played a large part in strengthening the anime community, nothing contributed so greatly to anime awareness as fansubbing. Fansubs are anime episodes or movies recorded in Japan, which have amateur subtitles (fan subtitles) added to them. These movies are then released on the Internet for fans to download for free.

Copyright laws are violated in most countries by the distribution of fansubs. In most countries, and specifically in those that subscribe to the Berne Convention for the Protection of Literary and Artistic Works, fansubs are illegal. The fansubbers’ response to this is that their fansubs are free, and that there are no licence holders for the anime to which they add subtitles. Or if they are licensed in Japanese only, then they simply provide a free English alternative.

Despite this, fansubs are illegal, but they are everywhere. In some cases, it is simpler to visit a movie download website and download anime than it is to buy it online. This obviously makes things very difficult for the licence holders. Nonetheless, fansubs are hugely responsible for spreading the word on anime.

The most significant growth of anime and its community in South Africa has happened in the last couple of years, prompting large retailers such as Look & Listen, Musica and TopCD to stock small anime catalogues.

OTAKU magazine, South Africa’s first magazine dedicated to anime and its fans’ Japanese lifestyle, has been running for more than three years now, and is the first and only anime print magazine published in Africa. Its popularity has grown to such an extent that it now has international subscribers, and has even caught the eyes of the Japanese, with a Japanese TV crew recently interviewing the magazine’s creators.

Jack Chen, the editor-in-chief at OTAKU magazine, thinks that the biggest contributors to the growth of South Africa’s anime community are ADSL and Sony’s ANIMAX channel on DStv.

ANIMAX has single-handedly reached more people in South Africa, and so spread more anime awareness than any other platform. ANIMAX celebrated its first year of broadcasting in South Africa in November 2008, and it doesn’t plan on going anywhere, according to Philipp Schmidt, a manager at Sony Pictures Television International (SPTI).

Schmidt says the goal in launching ANIMAX was “to establish the channel as the destination for anime programming in South Africa, giving viewers an opportunity to sample the extensive range of genres that define anime, including comedy, romance, crime and sci-fi”. He further states that they wanted to tap into South Africa’s younger population with ANIMAX, and that the feedback to date shows they are making an impact.

Even though South Africa has its own 24/7 anime TV channel, a bi-monthly anime magazine and retailers selling anime, its fan events simply cannot compare to the international giants. There are numerous anime events and expos all over the world, from Australia to London — even Jamaica has one — but the biggest are those held in the US and Japan.

The biggest anime expo in North America, Anime Expo, more commonly known by its abbreviated form, AX, is hosted by the non-profit Society for the Promotion of Japanese Animation (SPJA). An annual event at the Los Angeles Convention Center, California, around the weekend closest to the 4th of July, AX started in San Jose, California in 1992, attracting a crowd of 1750 people. It has since grown astronomically with attendants numbering 43 000 this year.

A variety of factors, including collaboration between AX, the anime industry and the expo’s industry sponsors, contributed to this growth, but the expo owes its success, above all, to what it has to offer to the growing number of anime fans.

There is a variety of competitions, such as those for the best cosplay and anime music videos (AMVs), and numerous anime industry guests from Japan make every AX well worth the fans’ while.

In 1984, “cosplay” was coined from the English term “costume play” to describe anime fans dressing up as their favourite characters. The hobby is not limited to anime, though, and cosplayers also dress up as manga, video game, or even book and movie characters. This is a lot more intense than the usual Halloween dress-up, with most cosplayers making their own costumes, meticulously crafting them to simulate the original character. Extreme cosplayers will grow their hair to resemble their favourite character, while others opt for coloured contact lenses, cutting their hair and even making their own shoes. Internationally, cosplay has become a popular pastime, with a number of annual events dedicated to it. In South Africa there are only a handful cosplayers, but it is clear that the trend is growing.

Another anime-related pastime is producing anime music videos — music videos made with anime footage. These music videos are not official, and the fans make them without the consent of the songwriters or the anime studios. They are, however, allowed to continue doing so as the videos promote anime. In fact, fans are encouraged to make AMVs, so much so that there is an annual international AMV competition, the Anime Weekend Atlanta, held in Atlanta, USA, which attracted 11 000 attendants last year.

As the genre’s motherland, Japan is saturated with anime and now sports Comiket, the largest comic convention in the world. Surprisingly, Comiket doesn’t offer much original manga. Rather, fans make doujinshi about their favourite anime or manga and then sell them at the convention. Doujinshi are “magazines published as a co-operative effort by a group of individuals who share a common ideology or goals, with the aim of establishing a medium through which their works can be presented”. These amateur works, which are an important form of self-expression for the various subcultures that centre on anime and manga, have experienced phenomenal growth in Japan.

The first Comiket, held in December 1975, attracted just 600 people. It has since moved to the Tokyo Big Sight convention centre near Ariake in Odaiba, Koutou, Tokyo, where it is held twice a year, in August and December. Here, 555000 attendants find a massive variety of activities and competitions to meet their anime appetite.

Comparing anime’s popularity in South Africa to that of Japan and America, it is clear that we have a long way to go, but the South African anime community is on the rise. The growth explosion in the last two years has been impressive, and all that remains is to see if the market has reached a critical mass , or if the South African anime community will continue to grow.

http://www.thetimes.co.za/PrintEdition/Article.aspx?id=910538

Descubre cómo vive un ‘hikikomori’

  

BARCELONA.- ¿El viernes es tu noche ideal para pasarte los últimos niveles de tu videojuego preferido? ¿Te encierras en la habitación 24 horas seguidas, solo con la tele y el ordenador? Si contestas afirmativamente a estas preguntas tendrás un descuento para ver la obra ‘Hikikomori’ (que en japonés significa aislamiento) en el Teatro Villarroel de Barcelona. Pero cuidado, porque quizás descubras que tú también eres uno de ellos.

Los ‘hikikomoris’ son adolescentes (aunque ahora el fenómeno afecta también a jóvenes y adultos) que se ven superados por la presión de la sociedad japonesa. Incapaces de cumplir con el rol social que la familia, el colegio y el entorno les exige, estos chicos y chicas se encierran en su habitación durante días, semanas, meses o, incluso años. Allí tienen todo lo que necesitan: una televisión, videoconsola y ordenador. Aunque nació en Japón, este fenómeno empieza a extenderse ya por todo el mundo, y la obra escrita y dirigida por Jordi Faura (que se confiesa un adicto a internet) se hace eco de este fenómeno.

Un ‘hikikomori’ renuncia a la vida para aislarse en su habitación. Sin embargo, fuera la vida sigue. Y eso es lo que sucede en esta obra de teatro ambientada en Japón: la vida pasa mientras el protagonista ha decidido apretar el botón de pausa.

Su padre, su madre, dos compañeros de estudios y su hermana son los únicos que transitan por delante de su puerta. Eso sí, Akane, la hermana de 16 años es de lo más especial: es una ‘kogal’ (una tribu urbana de adolescentes japonesas que llevan cantidades copiosas de maquillaje y ropa estrafalaria) obsesionada con las compras y con parecer una chica occidental.

“Por la temática y también por la estética, es una obra ideal para iniciar a los jóvenes en el teatro. Y es nuestra responsabilidad hacer que ellos también acudan. Estamos todos muy enfermos y hemos construido una sociedad infectada. Eso es lo que denuncia el montaje”, señala el director.

Se calcula que en Japón existen 1.200.000 jóvenes que pasan una media de cuatro años encerrados. Sus padres les dejan el plato de comida al otro lado de la puerta y su único contacto con otros seres humanos es a través del ordenador, como si fueran presidiarios. En Cataluña, de momento, sólo se ha diagnosticado un caso de ‘hikikomori’.

http://aula.elmundo.es/noticia.cfm?idTipoPortada=1&general=1&idComunidad=&idPortada=208&idNoticia=7539

 

Cultura ´otaku´: locos por los juegos

La palabra japonesa “otaku” es una derivación de la expresión “tu hogar”; sin embargo, este término se utiliza hoy en todo el mundo para referirse a las personas que poseen una afición –a veces exagerada– a cualquier actividad o hobby. Así, podemos encontrarnos con anime otaku , que disfrutan con las series de dibujos animados anime ; cosplay otaku y manga otaku , a los que les gustan los cómics japoneses, popularmente conocidos como manga; pasokon otaku , chiflados por las computadoras, o gemu otaku , que pierden la cabeza por los videojuegos.

Muchos de estos otakus andaluces se han dado cita durante todo el fin de semana en Lucena para tomar parte en los distintos torneos y actividades de las Jornadas de Cultura Otaku celebradas en el mercado de abastos en el marco de las jornadas internacionales Orientarse .

Desde el viernes y hasta ayer domingo centenares de jóvenes han tomado parte en talleres sobre dibujo manga, proyecciones de películas anime , juegos de mesa como el Magic, juegos de rol y torneos provinciales y regionales de juegos de ordenador y videoconsolas.

Ayer se celebró el primer torneo andaluz del popular juego de estrategia Warhammer, que se desarrolla sobre grandes tableros sobre los que se disponen dos ejércitos formados por minúsculos soldados de plomo, que suelen ser pintados por los propios jugadores. Warhammer permite jugar desde escaramuzas a pequeña escala, con 20 o 30 miniaturas por bando, hasta gigantescas batallas en las que se enfrentan entre sí ejércitos de cientos de miniaturas, cada una con características propias.

Cada ejercito tiene unas características tanto estéticas como a nivel de reglas características, que hace jugar con unos u otros sea diferente. Así, no es lo mismo dirigir a los incontrolables orcos que al ejército profesional del imperio o a los duros enanos.

Las jornadas, coorganizadas por las delegaciones de Juventud y Participación Ciudadana y las asociaciones Kamikaze y El Viejo Mundo, de Lucena, y Jugamos todos, de Córdoba, han dejado claro que el fenómeno otaku no es ya exclusivo de las grandes ciudades europeas, en las que sus seguidores son ya considerados como una tribu urbana más que expande sus intereses más allá del manga y anime y se adentran en el mundo de la cultura japonesa, de sus tradiciones, su gastronomía, su música y su forma de vida.

http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=459397

Imágenes desde la cultura para recordar el futuro. Miradas desde la mediología. VI

Tercera noticia.

 

 

Revisar el Atlas de Infraestructura Cultural de México (2003), publicado por el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes, es interesante para el caso de Guanajuato. Si uno lo revisa con detenimiento, hay una división del tipo de infraestructura y por ahí hay cosas que se asoman y señalan tendencias en el estado. En el patrimonio arqueológico e histórico, es decir, estatuas, zonas arqueológicas, la presencia es considerable y significativa a nivel nacional. Si se visualiza la que se refiere al patrimonio artístico e infraestructura cultural, es una zona intermedia, es decir la que se refiere a museos, bibliotecas, librerías, teatros, cines, casas de cultura, centros culturales. En ambos casos hay una particularidad: la mayoría han estado ubicados históricamente en la ciudad de Guanajuato. Pero en lo que se refiere al tercer tipo de patrimonio, es decir, el de la industria cultural, es decir, estaciones de radio y televisión, así como equipamiento de aparatos electrónicos de ambos medios, el estado está en un punto alto, relevante, pero ahora la peculiaridad es que esta infraestructura está distribuida entre ciudades como León, Irapuato, Celaya.

 

Es por ello que una noticia publicada el 23 de junio del 2008 no es sorprendente, pero si suscita la reflexión[1]. En este caso, la nota es aislada, sin continuidad o discontinuidad, una referencia a un trabajo de búsqueda de una nota para cubrir un espacio dentro de las rutinas diarias.

 

La nota dice: “Leen pocos en León. Sólo 3 de cada 10 guanajuatenses recibieron estímulos de sus padres por la lectura”. La noticia es importante y merece citarla más en extenso.

 

La noticia proviene de Luz María Castañón Cavaría, una integrante de Biblioteca Central, un área importante de Centro Cultural Guanajuato que se abrió en septiembre del 2006, y cuya propuesta era ser la biblioteca más grande del estado, y una de las principales del país[2]. La funcionaria comenta que si bien en el 2007 recibieron 160, 587 visitas, los usuarios fueron muchos menores. De mayo a junio del 2008 atendieron a 8, 650 usuarios de 18 en adelante y a 3, 364 jóvenes de 13 a 17 años, y 2, 632 niños de 12 años. Se emplearon 11, 588 libros de colección y de consulta general, y 8, 843 de la sección infantil. Desde septiembre del 2006 se han extendido 6, 825 credenciales. Además, señala que la Biblioteca Central ofrece una diversidad de estrategias para atraer la atención y propiciar el gusto por la lectura y a conocer las instalaciones. Sin embargo, la opinión es que se lee poco. Dice la funcionaria:

 

Hay jóvenes que sólo vienen a conocer las instalaciones y no los podemos obligar a que tomen un libro y lo lean ya que sería contraproducente, ni tampoco reprenderlos, sino que ellos mismos sientan el gusto por la lectura”.

 

Uno de los puntos más iluminadores de la nota es con el que inicia: la historieta de Mafalda y el libro de álgebra de Baldor son los libros más solicitados. Es iluminador porque no sólo habla de las tendencias generales de lectura en el país, sino de la historia misma de la lectura en la ciudad.

 

Un poco hacia atrás: la educación moderna en la ciudad se dio entre las décadas de los treinta y de los cuarenta del siglo XX; la presencia de librerías ha sido lejana en el tiempo, pero se puede hablar de una mejoría en su equipamiento en los setenta y ochenta; bibliotecas las ha habido, pero escasas, mal formadas y casi abandonadas, y sólo hasta finales de los ochenta hubo una estrategia de dotar varias bibliotecas públicas en la ciudad, esto junto con otras estrategias educativas como la edificación de los Centros del Saber, el museo de ciencia Explora, la Feria Nacional del Libro.

 

Para un metabolismo social y cultural, la historia de la lectura pareciera que es reciente, como lo ha sido el de la educación, y en muchos aspectos ambas están ligadas. Las bibliotecas públicas, los Centros del Saber, la Feria Nacional del Libro y el museo de ciencias Explora los han utilizado como parte de las actividades docentes de la educación básica y media superior[3]. Pero pensemos por otras vías.

 

La pregunta  por la lectura ha retornado en las décadas recientes, en mucho, por la presencia del texto electrónico, de los nuevos recursos audiovisuales que permiten ver con otras miradas la presencia de objetos culturales varios, entre ellos, los libros. Las reflexiones parecen inquietar a más de uno.

 

Pareciera que las textualidades que emergen con las nuevas tecnologías de información y de comunicación propician una serie de fenómenos inéditos que están cimbrando a todas las culturas, y ante ello se busca encontrar lo que genera lo nuevo para intentar seguirle los pasos a un mundo debocado, desbordado. Asimismo, porque su presencia, coincide con una serie de fenómenos donde no sólo las sociedades entran en procesos de desencaje, sino de descentramientos culturales varios, las maneras de comunicarnos, de conocer, de percibir y actuar socialmente (Giddens, 2000). En un mundo como hoy donde el soporte electrónico y el empleo de información en lo textual y en las imágenes audiovisuales parecen conducirnos a una reorganización cultural de magnitudes como la aparición de alfabeto (Chartier, 2000), los textos, las narrativas, las estéticas se colocan como una instancia ya no instrumental, sino estructural y fundamental para el funcionamiento y el acceso a las dinámicas sociales y culturales.

 

El historiador Roger Chartier (1997: 18) nos da algunas pistas al reflexionar sobre está nueva forma de acercarse a lo “literario”:

 

Indica con rara agudeza las diversas oposiciones que organizan la cultura escrita y que se refieren a la norma estética (imitación, invención, inspiración), a los modos de transmisión de los textos (recitar, leer en voz alta, decir para sí mismo), a la identidad del destinatario (el público, los letrados, el príncipe o el mismo poeta), y a las relaciones entre las palabras y las cosas (inscritas en el orden de la representación, la ilusión o el misterio.

 

Esta manera de concebir la producción de textos y su lectura se refiere a ubicar a la producción y lectura de textos dentro de la dimensión analítica de la cultura con la cual se irá haciendo evidente que ambas son un producto histórico y cultural, por tanto diverso y con modificaciones a lo largo del tiempo. Esto implica que el proceso no es necesariamente, y únicamente, un resultado que inicia en la producción, sino desde la misma recepción de los textos, por lo cual los usos sociales, las prácticas y consumos culturales de las lecturas serán parte del objetivo a explorar, entender.

 

Es decir, podríamos hablar de algo más amplio del mismo libro y que podría extenderse a todo material que proviene de la producción distribución y consumo de textos, la cultura de lo impreso. La aparición de bibliotecas públicas y privadas es parte de ello, pero igualmente la conformación de una oferta cultural de lo impreso, y un mercado, que a su vez facilitaría la especialización, proliferación y diversificación tanto de editores, escritores, lectores, conformando todo un campo cultural cada día más profesional (Bourdieu, 1995), con desniveles y tendencias varias, como sería la creciente presencia de una diversidad de productos populares, que se especializarían en conformarlo y hacerlo accesible a diferentes grupos y culturas populares a través de distintas estrategias de difusión, como la aparición de las salas de lectura, la inserción en la prensa, la venta en los kioskos de revistas, las suscripciones, etcétera.

 

Otro elemento que enfatizan tanto la Historia Cultural  como los Estudios Culturales, cada una a su manera, es que a través de los textos se ponen en circulación unos modelos culturales particulares (Chartier, 1994: 7), mediante los cuales se pretende “educar” tanto las sensibilidades como el conocimiento de los lectores, ser herramientas en la conformación de identidades personales y colectivas, espacios virtuales por donde circulan mundos simbólicos, afectivos e imaginarios con los cuales se identifican, vinculan. Igualmente, buscan ser una estrategia de distribución cognitiva y afectiva de contenidos morales, ideológicos, con el fin de normar conductas, gestos, maneras de hacer y de pensar. Es el caso de los manuales de conducta y urbanidad (Torres Septién, 2001 y 2002), de cortesía (Burke, 1998),  por ejemplo.

 

Un caso ilustrativo de lo anterior es el de la literatura para las mujeres, donde con la especialización y diversificación de la cultura de lo impreso, encontraron tanto un mercado como un sujeto a quien habría que modelar y remodelar continuamente, un proceso no ajeno a diversas tensiones y confrontaciones por la oposición frontal que se dará en los modelos propuestos para las mujeres.

 

Además de las novelas, estuvieron la prensa, la publicidad, las revistas, el cine, la radio, y más adelante la televisión, una serie de medios de comunicación que a fines del siglo XIX y durante la segunda mitad del siglo XX, fueron conformando una industria de la cultura por medio de la cual se difunde lo que se llamó “cultura de masas”, y que en el epicentro de su atención estaría el mundo de los jóvenes y de las mujeres.

 

Si bien el caso del cine destaca en la primera mitad del siglo XX como uno de los espacios donde se hacía visible esa tensión (Torrés Septién,, 2002a), el caso de los libros, la prensa y las revistas lo fue desde finales del siglo XIX y hasta muy entrado el siglo XX. Por un lado, hubo una estrategia editorial dedicada a las mujeres para educarlas a ser mujeres, y que marcó el circuito social en el que se habían de mover a lo largo de sus biografías.

 

No es fácil encontrar información que nos pueda dar elementos para tener una idea de cómo era la vida de la mujer a finales del siglo XIX, pero un recurso importante para nuestro objetivo son las memorias del leonés Toribio Esquivel (1992) donde traza a lo largo de sus memorias una serie de imágenes sobre la ciudad, las personas y las costumbres a fines del siglo XIX y principios del XX.

 

Dentro de las memorias de Esquivel, la familia tiene un lugar particular y continuo, y de entre los miembros de la familia destaca la figura de su madre a la cual la ve alrededor de dos puntos básicos: las labores que debía desempeñar a lo largo del día, y las atenciones que debía brindar a toda la familia y a algunos parientes. De ella dependía la alimentación de la familia, la supervisión de los sirvientes, las provisiones de comida, el decorado de la casa, la confección de ropa para todos en su casa, la atención de los invitados, los actos de cortesía, la impresión y conservación del buen gusto y las manifestaciones artísticas, el cultivo de la lectura[4].

 

De lo expresado por Esquivel, el mundo íntimo de la madre se podría pensar que eran dos actividades: la lectura, y la confección de ropa. Ambas ocupaban parte de su tiempo, le llenaban de satisfacción, podía vivir en su mundo imaginario, y le daba, asimismo un lugar en la sociedad. Como el mismo Esquivel, y otros, menciona las mujeres no recibían una educación que les permitiera trabajar (1992: 59), las posibilidades de seguir estudiando o desarrollándose por parte de las mujeres de estas familias, recaía en aprender cosas para la casa, y algunas manifestaciones artísticas como la pintura, la música, el canto, y la lectura.

 

Otra forma de acercarnos al mundo de las mujeres leonesas de esa época puede ser al revisar algunas de las lecturas que hacían y que eran las que habitualmente constituían parte de su vida ordinaria, las maneras de entretenerse, pasar el rato, y adquirir tanto una educación que no podían hacerlo de otra manera, como de acceder a una educación y vida sentimental. En los relatos, se muestran tanto las representaciones que se generan sobre las mujeres, lo que se ve, a lo que se reacciona, así como lo que se espera de ellas. En ese sentido, no sólo hablan de las mujeres, sino que los discursos que las nombran, las evocan, también habla de la mirada de quien las mira[5]. Y en el mundo de las lecturas, en cada generación y entre generaciones, que hacían las mujeres se puede observar aquel paso que va de un mundo de las lecturas donde la iglesia y el sistema moral era predominantemente, un mundo que era tanto familiar como confiable, al paso a un mundo inestable y no confiable.

 

Es posible comenzar con lo expresado por Esquivel respecto a su madre, y algunas de las mujeres con las que convivía, que eran asiduas lectoras de cierto tipo de lecturas. De una o de otra extracción, las lecturas eran las que una mujer de su época podía leer, es decir, lecturas que representaban una “cultura superficial”, media, popular de esos tiempos, “que todo católico” podía leer. El mismo Esquivel señaló algunas de las lecturas que hacían en las reuniones familiares, algunos son de índole religioso y otras son de extracción literaria. También mencionó a su madre leyendo libros religiosos que le permitían atravesar por la pérdida del segundo esposo, así como la afición de las novelas que llegaban a través de algunas revistas españolas, como era el caso de la revista La Moda Elegante[6].

 

Otras maneras de acceder a libros eran a través de los gabinetes de lectura o bibliotecas públicas. María de la Cruz Labarthe menciona que un primer gabinete de lectura se creo en 1824 por parte del gobierno estatal y que posteriormente se pasó al Ayuntamiento su administración. Fue en las últimas décadas del siglo XIX cuando se abrieron bibliotecas públicas como la de la Sociedad de Enseñanza Popular, en 1883 la Sociedad Católica abrió otra más “con una sección hemerográfica bien surtida” (Labarthe, 1997: 427), en 1898 la Biblioteca Pública Católica, en 1923 el obispo apoyó la creación de otra biblioteca promovida por la Unión de Damas Católicas. De acuerdo con Labarthe, existió una biblioteca pública oficial a fines del siglo XIX, y de otras bibliotecas que “formaron parte de instituciones que fueron ampliando su acervo con las colecciones bibliográficas de algunos particulares o de otras instituciones, aunque también pasaron por épocas de descuido y saqueo” (1997: 427-428). Otras bibliotecas fueron las del Círculo Leonés Mutualista que se abrió en 1920 y contó con más de 4, 000 libros[7].

 

Pareciera que la afición de la lectura en las mujeres no era tan generalizada, y que esta se reducía a algunas oportunidades específicas, que pronto se irían haciendo cada vez más limitadas. Una travesía posible es el paso de estas inquietudes a otras que implicarían actividades más de etiqueta social. La lectura entonces comenzó a girar por los libros y revistas que podían ser accesibles en los gabinetes de lecturas públicos[8], algunas librerías y bibliotecas donde se tenía acceso, y en otros casos, que se podían obtener por medio de suscripciones. Pero ello nos hace pensar que los libros estaban muy delimitados, que las suscripciones no las podían realizar todas las mujeres, aunque si compartir, además de poder pasar por todas las mediaciones familiares e institucionales que favorecían, vigilaban o controlaban lo que era posible leer[9]. Al parecer, los temas más socorridos eran los religiosos, históricos y algunas novelas que se consideraban populares.

 

A las obras clásicas que era posible leer de las bibliotecas, gabinetes de lectura y bibliotecas familiares, habría que añadir cierta literatura popular que gustaba a las mujeres, y que en muchos casos pasaba bajo un aura de prohibición que se remonta a varios siglos atrás, principalmente libros que formaban colecciones de relatos que se publicaban para el gusto de las mujeres de posición social favorecida, amas de casa, donde se relataban historias de familias y de mujeres europeas, de alta sociedad o de mujeres que quieren ingresar a la alta sociedad europea, principalmente francesa, y que la historia se torna en un drama, en una tragedia, llena de referencia morales, donde las mujeres se debaten entre las aspiraciones de reconocimiento y de poder, para lo cual emplean su belleza y astucia como armas y estrategia para seducir a hombres de un medio aristocrático, frío, hostil, y una historia de amor, donde aparece el mundo sentimental y noble de las mujeres (Sarlo, 2000).

 

Por ejemplo, en León llegó a principios del siglo XX los libros de la Colección Ambos Mundos de F. Granada Editores, donde se publicaron obras como: La Bohemia, Indiana, La mujer de treinta años, Mujeres de rapiña, El libro de los snobs, Margot, Una entretenida, La pecadora, Werther, Mimi Pinson, con autores como Balzac, Goethe, Musset, Dumas, George Sand, entre otras.

 

Otro tipo de lectura que era habitual, era aquella literatura que ponía en énfasis en las condiciones y situaciones de la mujer. Libros de consulta para las mujeres que tanto podían encontrar algunas reflexiones sobre la manera en la manera en que las mujeres debían ser educadas, las actitudes, valores y formas de ser y hacer por cultivar, que les explicaban sobre las distintas fases en las cuales evolucionaban, desde niñas hasta madres, así como daba consejos, recomendaciones sobre la manera en que debían educar a los hijos y las hijas. Un ejemplo de ello puede ser el libro de Francisco Nacente publicado en 1907 por la editorial Maucci y que llevaba por título La mujer a través de la historia. Historia moral de las mujeres, que se anunciaba como un “estudio filosófico recreativo de su estado y significación en todos los periodos de su vida”. 

 

Los libros sobre las mujeres y para las mujeres no dejaron de ser publicados, sino más bien conforme los tiempos pasaron, fueron llegando nuevos libros que iban respondiendo a las situaciones de las nuevas épocas, y promovidos en las escuelas donde se educaban a mujeres, y leídos por las madres quienes ofrecían esas lecturas a sus hijas. En la década de los cincuenta del siglo XX aparecieron algunos libros que toda madre o adolescente de las buenas familias debía de leer, y que se completaba con lecturas propias para las niñas como Mujercitas y María.

 

También a principios de los cincuenta comenzaron a llegar otro tipo de libros, de los cuales podemos mencionar tres libros[10]. El de María Rosa Vilahur, La joven ante la vida, impreso en España en 1944 y en México hasta el año de 1951, el libro del sacerdote español Emilio Enciso Viana, titulado La muchacha en el noviazgo”, y  el del sacerdote Salvador Carranza, La mujer frente a la vida, publicado en tres tomos: El libro de la Colegiala, El libro de la Joven, El libro de la Esposa, y que también escribió un libro para los hombres, El hombre frente a la vida, también en tres tomos (La vida afectiva, La moral, Los negocios), y que contó con mucha popularidad en su época entre las familias leonesas, pues se convirtió en el libro de consulta de las madres, quienes les daban a sus hijas los tomos correspondientes, y entre las escuelas de hombres y mujeres.

 

A esto, muchas mujeres, y sus hijas, accedían por la literatura popular para mujeres de la época. Revistas femeninas que se publicaban en la ciudad de México y que se podían conseguir en León, ya sea en los puestos de revistas o por suscripción y que algunas familias todavía guardan como colección. Algunas de esas revistas insistían en temas propios de las mujeres, donde la mujer es el ama del hogar, y muchas de las secciones estaban dirigidas a esos menesteres. A finales de los cuarenta y durante los cincuenta estaba revistas como Confidencias, ¡Oiga!, Cine Álbum, Cine Novelas, Cine Universal.

 

Posteriormente, en la década de los sesenta, comenzarían a llegar nuevas revistas donde la imagen de la mujer se modificaría sensiblemente, pues se articula un estilo de ser mujer de acuerdo al “sueño americano” con la promesa de trascender tanto los roles tradicionales de la clase social y sexual, donde la mujer que se presenta deja de sentir culpa y no tiene inconveniente de admitir su vida sexual, además de que se promueven estrategias para la organización de la vida personal, el hogar, el consumo de la moda, y la búsqueda de romances. Antecedentes de muchas revistas que ahora circulan y que difundían nuevas imágenes de ideales de ser mujer, como sería el caso de la revista Cosmopolitan que propició el invento de la “cosmo girl” (McRobbie, 1998).

 

La pregunta por lo que han leído las mujeres leonesas a partir de los setenta y hasta la fecha podría señalar algunas de las tendencias del por qué no se leen libros en una biblioteca: el surtidor de lectura ha estado en otro lado, no sólo en otro tipo de lecturas, aquellas que provienen de la industria de la cultura y que implica revistas femeninas y de otro tipo, sino de lecturas predominantemente mediáticas: la televisión, el cine, primero, el Internet, el anime, los videos musicales, los videojuegos, Youtube, los blogs, My Space, Facebook. Todo indica que el formato libro se desplaza del soporte de papel al soporte electrónico a través de diversas pantallas digitales.

 

Pero también se puede pensar en algunas lecturas que comienzan a aparecer en los ochenta y en los noventa y que recrean otra forma de ser joven, mujer joven, en cierta forma una actualización de los libros editados a principios del siglo XX, pero con otras estrategias que marcan el sentido de por dónde están las mujeres jóvenes en los últimos tiempos y el tipo de lecturas que les ayudan a formarse un criterio, una norma, una seña de identidad. Desde el libro de los setenta, Pregúntale a Alicia, hasta Los hombres prefieren a las mujeres cabronas, pasando por títulos como, El Alquimista, El Caballero de la armadura oxidada, Juventud en Éxtasis, y otros más por esa vía.

 

Un punto importante para entender la presencia de estos libros en la ciudad es a partir de la llegada desde los noventa de nuevos espacios para la compra de libros como son las tiendas departamentales (Sanborns, Vips, Liverpool) y de librerías como la del Fondo de Cultura Económica, Gonvill, Ghandi, El Sótano, que ofrecen un espacio para el consumo familiar de libros dentro de las rutinas de los paseos de fin de semana de muchas familias por los centros comerciales de la ciudad, o como zonas de atracción especializada de este tipo de productos.

 

Pero quizá donde más se concentra la lectura de la mayoría de las mujeres jóvenes es en el caso de libros que han sido un producto de lectura masiva a nivel mundial donde el caso de los libros de la saga de Harry Potter es un modelo canónigo a seguir[11], y que las editoriales han ido buscando su reemplazo, donde la mejor señal de los últimos años son las novelas de la escritora Stephanie Meyer con su trilogía de libros sobre vampiros: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse[12].

 

No sólo la cantidad de libros vendidos en el mundo y en la ciudad, la diversidad de productos que se relacionan con ellos en formatos como películas, videojuegos, muñecos, juguetes, ropa, etcétera, sino la ramificación de este corte editorial y, sobre todo, la participación de comunidades de aficionados en Internet, mediante chats, páginas webs de aficionados y la creciente presencia de relatos creados por los mismos fanáticos sobre estos mundos provenientes de los libros, los fanfics, hablan de otro tipo de lectura, de otra producción editorial de textos por leerse. Nuevamente Monsiváis (2006: 173):

 

Con todo, el uso del Internet provoca que, sin ser éste el propósito, se lea como nunca antes. El atractivo hipnótico de la tecnología auspicia generaciones de lectores que no se reconocerían como tales.

 

Para lugares donde históricamente han estado presentes las bibliotecas, estas han representado una reserva de su memoria que denota la matriz de una comunidad en lo que se refiere a la producción de productos y productores literarios. Han sido un lugar instituido histórica, social y culturalmente y que señala a una cultura de lo impreso, un mundo letrado que se organiza y crea soportes para el soporte de su memoria, por ello se busca su continuidad y su perpetuación. Pero estos lugares instituidos tienden a ser desplazados por la acción de la industria de la cultura y de los medios de comunicación porque ellos implican el desplazamiento de los medios y mediums que soportan la memoria y recortan la historicidad y la conciencia histórica (Debray, 2001). Los nuevos mediums que soportan la textualidad son las tecnologías del saber, del afecto, del vínculo social, de la autoidentidad.

 

Así, no es gratuita la poca afición a la lectura, más allá de los recursos impresos que se requieren para la tarea escolar y la afición a cómics en una ciudad donde la cultura de lo impreso ha corrido y corre por otros lados.

 

Y la ausencia del gusto, habito y uso de la lectura habla de cosas más amplias de la ciudad misma: la impronta cultural histórica, la conformación de subjetividades e identidades, las prácticas que si son importantes y divertidas, las transformaciones sociales y culturales que se dieron a lo largo del siglo XX y el huracán de transformaciones que se han dado desde el abrir del siglo XXI.


[1] Periódico A. M., 23 de junio del 2008.

[2] Periódico A.M., 8 de septiembre del 2006.

[3] Recomendamos la lectura del artículo de Raúl Muñiz Torres, “¿Qué leen los mexicanos?”, con motivo de la inauguración de la edición 18 de la Feria Nacional del Libro de León, el 12 de mayo del 2008 y publicado en el periódico El Correo de la ciudad de Guanajuato.

[4] De la lectura de su madre, expresa: “No carecía la literatura de atractivos para ella, aunque del carácter que entonces consentía la educación de la mujer, sin ser su gusto superior al del medio social en que vivía, y además sujeta a la lectura a plan y medida como lo exigía su temperamento. Leía con entusiasmo las novelas que se publicaban en La Moda y ocupaban su imaginación, en lo que se refiere al mundo literario, y las comentaban con las otras personas a quienes prestaba turnándose el número de la revista, hasta la semana siguiente en que venía la continuación de la novela, la cual era esperada con verdadera expectación. Las hijas de Atanagildo, Pobre Lucila, las hijas de lord Eakburn, eran los títulos y otros parecidos, de aquellas piezas literarias que más lograron sostener por largo tiempo el interés, ya por lo emocionante de su tema, o ya por lo extenso del relato que se extendía varios meses en los números de la revista” (Esquivel, 1992: 79-80).

[5] Se reconoce que trabajar a partir de textos que era muy probable que leían las mujeres leonesas de la época implican una serie de problemas metodológicos que aquí no es posible atender, como sería el caso de dar cuenta de la importancia de los contextos sociales y culturales de recepción (Burke, 1997: 116), así como de la distancia que hay entre la lectura y la misma experiencia de las mujeres, de los mismos procedimientos subjetivos de interpretación y de apropiación (Ginzburg, 1994).

[6] Pudimos acceder a un ejemplar de la revista La Moda Elegante, correspondiente a la edición del año LXXI, número 32 del 30 de agosto de 1912. La revista tenía como subtítulo ”Periódico de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia”, y tenía varias secciones que eran acompañadas tanto por fotografías como con dibujos: traje de tarde, novedades de sombreros, hojas de labores, frisos, trajes para señoritas, trajes para niños, y sección de textos que incluía: una sección conocida como “Revista parisiense”, que era una descripción de la última moda en París, una novela por entregas que se llamaba “La herencia de Boisredon”, una sección que se llamaba “Por tierras inexploradas. Notas de una viajera”, donde una supuesta mujer relata sus viajes por tierras exóticas, una sección  llamaba “Desde mi celda. Cartas de todas partes”, donde se relata la vida personal de una mujer, que tanto incluye la vida de su hogar, como los lugares y costumbres de la tierra que conoce al viajar, así como una sección de respuestas que les hacían lectoras de todo el mundo.

[7] Para una descripción más amplia de las bibliotecas en la ciudad de León en el siglo XIX y principios del XX, ver Labarthe, 1997: 426 a 430.

[8] A finales del siglo pasado se abrieron gabinetes de lectura, donde algunas personas se podían suscribir pagando cierta cantidad mensual a cambio de poder llevarse a su casa para leer libros y revistas en existencia, que después se devolverían al gabinete. Por ejemplo, en 1893 se anunciaba en El Pueblo Católico, el 3 de septiembre, lo siguiente: “A los amantes de la lectura. El que suscribe, avisa al público que desde el 1 de septiembre quedó establecido un gabinete de lectura en la Librería Religiosa, en la cual hay una variada colección de más de 300 obras históricas, morales, literarias, recreativas y religiosas. La suscripción será pago adelantado: 75 centavos al mes”.

[9] La iglesia prohibía la lectura de algunas novelas porque eran una muestra de degradación, y las relacionaban como una forma de promover actos inmorales e indeseables como la prostitución. En un artículo sobre la prostitución que publicó El Pueblo Católico, el 1º de diciembre de 1907, se decía: “Desde que la novela pornográfica tiene pase libre en la sociedad, los niños son hombres, pero hombres envejecidos en la maldad….los padres de familia tanto celebran las gracias de sus hijos, alaban en ellos como una gracias su empeño por la lectura, lectura que es su mal y que debiera evitar los padres de familia. …y la novela anda de mano en mano, como una cosa buena, y la sociedad devora el mal que es su muerte permitiendo que los niños sepan lo que debían ignorar, ya que la inocencia es el encanto de la niñez…por medio de la pornografía logran las sectas el fin que se proponen, destruir el reino de Dios en los corazones y arruinar a los sociedades que han podido resistirlas…la conservación de la moralidad de los pueblos, es el principal deber de la autoridad”.  

[10] Algunos de estos libros eran obsequiados por parte de algunas madres a sus hijas, o bien, en algunas escuelas formaban parte de la lectura de algunas materias de la secundaria y la preparatoria, y estaban en sus bibliotecas.

[11] El grupo editorial que ha manejado los derechos de edición de los libros de Harry Potter señala que las ventas de estos libros les ha generado unas ganancias de 4, 47 millones de euros durante los seis primeros meses del 2008. Nota del periódico El Mundo, del 29 de agosto del 2008. Por otro lado, la venta del libro, Harry Potter y las reliquias de la muerte, en septiembre del 2007, en su edición en inglés, marcó una diversidad de records de ventas: en Estados Unidos se vendieron 8.3 millones de ejemplares en 24 horas. Grupos editoriales en línea como Bordes Group Inc, Amazon, Barnes & Noble, anunciaron igualmente que este libro se había vendido en 24 horas como ninguno otro, incluyendo los anteriores libros de Harry Potter.  En la ciudad de León se anunció que ese día se vendería en las librerías como en Gonvll, Gandhi, El Sótano, Librería de Cristal, en donde personas habían apartado más de un centenar de libros en cada caso. Lo interesante a destacar es que la compra del libro era en su edición en inglés, y muchos más hubieron de espera un año, en el 2008, para comprarlo en español. Ver notas del periódico A. M. del 8 de septiembre del 2007.

[12] Ver nota periodística de la Revista Fucsia, del 23 de agosto del 2008, cuyo titular reza: “El nuevo Harry Potter. Ya llegó el reemplazo de los libros del mago adolescente. Ahora hacen furor en el mundo las historias de jóvenes vampiros escritas por Stephanie Meyer”. Consultado en: http://www.semana.com, el 8 de Septiembre de 2008. También se puede ver en la nota del periódico El Día, de La Plata, Argentina, cuyo título dice: “Harry Potter vencido por criaturas nocturnas”. Consultado en: http://www.eldia.com.ar, el 8 de Septiembre de 2008.

Imágenes desde la cultura para recordar el futuro. Miradas desde la mediología. V

Segunda noticia.

 

 

El mundo que aparece a partir de los emos tiene reminiscencias a otras dimensiones históricas, sociales y culturales más amplias de lo que se ve a simple vista.

 

En los tiempos en que se hacen visibles públicamente los emos, se les remite a ser parte de una tribu urbana, y al considerar a las tribus urbanas se le relaciona con una diversidad de subculturas juveniles. El punto es ese: se le ha tendido a ver como parte de las tribus urbanas, y desde ahí se busca hacer la genealogía de tribus urbanas presentes. La pregunta es: ¿sólo remite a las subculturas juveniles?

 

La tendencia de ver la historia de los jóvenes en México es de entender a los jóvenes en un desarrollo que va desde los cincuenta como los jóvenes clase medieros que optan por ser rebeldes sin causa y en los sesenta la generación de los hippies, o jipitecas para el caso de México, mientras que los jóvenes de extracción popular pasan a ser en los setenta como chavos banda. En los ochenta, estalla la diversidad urbana de los jóvenes y en los noventa comienzan a llamarlos como subculturas.

 

La visión hasta ahí es de corte occidental, principalmente a partir de lo que sucede en países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, y otros más.

 

Pero a finales de los ochenta y a principios de los noventa en el país comienza a ser visible otra manifestación de tendencias en algunos grupos juveniles, que tanto cruzan a algunas de las subculturas como a otro tipo de agrupaciones. Quizá la forma más conocida para algunos en nuestras tierras son los “otakus”, jóvenes pertenecientes a diversas extracciones socioeconómicas pero que se convierten en fanáticos o aficionados a los mundos que provienen de la industria de la cultura, principalmente la que se produce en varios países de Asia, o siguiendo los patrones generados en esos países: el anime, el manga, el karaoke, los videojuegos, los juegos de cartas de combate, así como todos los íconos, narrativas, música, películas, libros, estilos de vida que proceden de esos mundos[1].

 

Sin embargo, el asunto no se reduce a la denominación de otakus, que significa entre otras cosas más, la denominación de una de varias tendencias de jóvenes asiáticos que se han ido ramificando con distintas tendencias, como los cosplay, los hikikomori, las ganguro, las lolitas góticas, los crossplay, y más, que para algunos son manifestaciones de tendencias que no se agotan en las subculturas, aunque se manifiestan como tales, aunque con una tendencia gradual de propiciar hibridaciones entre tendencias y características de distintos grupos de subculturas, propiciando una serie de debates, discusiones, enfrentamientos, similares a los que se han dado históricamente en torno a las razas y etnias.

 

En Japón desde finales de los ochenta se comenzó a hablar de los shinjinrui (nueva especie), un nuevo tipo de ser del joven japonés que rompe de manera radical con las tendencias que por siglos o generaciones anteriores de los japoneses y que se les acusaba por su carencia de entusiasmo por el trabajo, desencanto por la política, un fuerte egoísmo y una tendencia a la pereza. Los shinjinrui han sido vistos como una nueva raza, algo que comenzó como una pequeña manifestación que a la larga se ha ido convirtiendo en una forma estructural y generalizante de formas matriciales de la sociedad japonesa que rompe con lo tradicional, lo desafía, pero igualmente lo lleva por una nueva forma de vida que en mucho dependen de las industrias de la cultura, de los medios de comunicación, de las tendencias de una sociedad basada en la economía de la información, del consumo. Y eso, si bien es parte de una tendencia de la presencia de Japón que importa al mundo desde los ochenta, igualmente implica, como expresa Michel Maffesoli (2004a: 14), “el resurgimiento de estructuras inmutables siempre nuevas, cosas antiquísimas, arquetípicas, que se elevan ante nuestros ojos”.

 

Entonces, Asia es un modelo que ha ido llegando a nuestras ciudades y apenas comenzamos a verlos. Los emo son una de sus conexiones, aunque no todo.

 

Es por ello que hay dos noticias de los últimos tiempos que nos sirven para entender los hilos del tiempo que colapsan en nuestra cultura, que aparecen como pequeñas manifestaciones pero que hablan de cuerdas más lejanas en el tiempo y que su tendencia no es sólo a ampliar su manifestación, sino a ser parte del nuevo tejido social. Este tipo de noticias no fueron de escala internacional o nacional, únicamente local, y su aparición a sido discontinua a lo largo de los últimos años.

 

La primera fue publicada el 18 de abril del 2008 y de refería a que en Valle de Santiago, Guanajuato, había una empresa china que tenía esclavizadas a más de ochenta mujeres chinas, que con engaños las habían traído y las explotaban laboralmente[2]. Si bien fue una nota que causo algo de indignación, en la ciudad de León no tuvo más consecuencias, quizá porque era un caso un tanto “lejano”. Pero si uno revisa noticias de años más atrás, en el 2006, encontrará que en la ciudad de León se habían dado algunas denuncias en contra de algunos empresarios coreanos por los maltratos y explotación a empleados, principalmente niños y mujeres[3].

 

Más allá de la indignación por la violación de los derechos humanos de los asiáticos, el punto a subrayar es la distancia como en la ciudad se les asume con respecto a su presencia simbólica y real. Veamos.

 

La prensa local tiene varios años difundiendo una serie de notas que se refieren a la preocupación de los empresarios leoneses y a los gobernantes municipales sobre China, y todo se remite a la competencia desleal que este país genera a partir de su estrategia comercial y económica en lo referente a la industria del calzado. Es decir, la llegada del calzado chino puede crear una crisis en la industria local de impactos amplios y profundos. Todo se debate en luchar en tres frentes: en cortes internacionales ante las condiciones de la importación y exportación del calzado, la lucha contra la piratería china, la inquietud de exportar calzado, cuero y otros productos a China.

 

A lo largo de los últimos años las noticias en la ciudad se refieren a las manifestaciones de empresarios sobre los acuerdos y luchas contra China por la entrada de productos chinos a nuestro país, o las estrategias por “conquistar” China mediante la venta de productos de esta industria[4], la visita de empresarios a países asiáticos[5], o la organización de cursos para conocer la manera como operan a nivel internacional países como Japón para aprender de ellos[6], y cuyos antecedentes se dieron en los ochenta cuando los empresarios se interesaron en los sistemas de organización de empresas para ser más productivos y renovar las plantas productivas, los sistemas de operación, basados únicamente en modificar a la empresa y no al sistema productivo y otros sistemas sociales que, para la mentalidad japonesa han sido fundamentales y se manifiestan en la organización empresarial: la familia, el tiempo libre, la educación, el arte, el nacionalismo, etcétera.

 

Otras noticias se han referido a los “golpes” a la piratería china en la ciudad o en el país[7], que, en algunos casos, se les ven ligados con mafias asiáticas y mafias de México de donde provenían productos como cinturones, bolsas, zapatos, botas, chamarras, pero igualmente películas, música, videojuegos. No es gratuita la manifestación pública, en desplegados de prensa y anuncios panorámicos, contra la piratería, o el repudio de todo lo que es chino.

 

Entonces, las noticias nos hablarían de que todo se reduce a una estrategia comercial, de un sector concreto, pero igualmente señalan otra cosa que no se manifiesta plenamente: la presencia de organizaciones chinas en el país, en Guanajuato, en León. Todo indica que la presencia de los chinos, y de otros países asiáticos es de diversos tipos y su estrategia no sólo es comercial, sino formar parte de la ciudad, de la cultura de la ciudad.

 

Por ello es interesante otra nota que de la prensa,  que parece una más entre otras, casi como algo anecdótico en la ciudad. El 23 de junio del 2008 se publica que en un mercado local, en la sección de las fondas, hay un local que vende comida china y compite con el resto de los locales que ofrecen la comida tradicional[8].

 

Si bien los dueños del local de comida china son leoneses, eso hace ver algo más amplio: la presencia en los últimos años de una serie de restaurantes de comida china, cantonesa, japonesa, en la ciudad. Si bien estos restaurantes comenzaron a establecerse en los ochenta (Eiki, El León de Jade), en los noventa comenzaron a crecer lentamente sobre todo en espacios comerciales, para el dos mil, estos comienzan a estar en zonas diversas de la ciudad, incluso en zonas populares, y en la mayoría de los casos son atendidas por familias de chinos que llegaron para integrarse a ese negocio. Chinos, japoneses, coreanos, tailandeses y otros más, han abierto restaurantes y locales, de sushi, comida china, coreana, cantonesa, cafeterías y pastelerías.

 

Hay una serie de comunidades chinas que están presentes y manifiestan una forma de llegar al país de una manera diferente a como lo habían hecho en décadas o siglos precedentes. Esto nos lleva a la necesidad de pensar de manera más amplia en lo histórico, social, culturalmente, dado que se refiere a la tendencia lejana en el tiempo de la forma como occidente y oriente se han vinculado y han manifestado dos tendencias civilizatorias que se atraen, se rechazan, y, en conjunto, crean vínculos que se implican mutuamente tanto en el vínculo como en el rechazo (Ianni, 2000), pues si bien se han dado tendencias de rechazo, igualmente se han dado tendencias de interés y atracción, y esto ha llevado a la necesidad de reconocer que estos vínculos han formado parte de la vida cultural de México.

 

Hay algunos antecedentes de contacto con China y Japón en la época Colonial que eran parte de un movimiento de expansión y de comercio que se definía a partir del océano y de la navegación. Históricamente, ese contacto era mínimo en el sentido de la presencia y establecimiento de estas comunidades en México (Martínez Montiel y Reynoso Medina, 1993), y en el caso Chino sólo lo será hasta el siglo XIX dentro de la producción agrícola, y un punto básico de su establecimiento en el territorio nacional fue a partir de los centros portuarios más importantes en esos tiempos. Es por ello que los principales establecimientos fueron en ciudades de Baja California, Tampico, Yucatán, entre otros. El caso de Japón sería evidente hasta mediados del siglo XX a través de acuerdos para el desarrollo de la industria y la tecnología en el país, y fue muy precaria hasta que en la década de los setenta comenzó a crecer.

 

Pero la presencia de estas comunidades, y la coreana de la que poco se conoce en lo que se refiere a su presencia histórica en México, no sólo se redujo a la producción agrícola o industrial, sino que igualmente se fue dando en dos vectores: ser parte de la vida de algunas ciudades con impactos en la economía y en la sociedad al crear sectores productivos y de servicios como plantas industriales de diverso tipo, restaurantes, panaderías, así como centros habitacionales propios de las comunidades asiáticas, en particular las chinas.

 

En algunas ciudades, Mexicali por ejemplo, los principales restaurantes son chinos, y la comunidad china está presente en las agrupaciones empresariales, y esto igualmente habla de una comunidad china que se mueve en su interior como si estuvieran en la misma China, pero con lazos y redes con los sectores comerciales y económicos de la ciudad, y con ciudades de Estados Unidos. Aguascalientes sería un ejemplo de la comunidad japonesa a través de la instalación de la armadora de automóviles Nissan.

 

Su presencia es dual: dinamizan la economía local, pero impactan en lo social. Su movilidad como comunidad cerrada crea rechazos y genera xenofobia: ellos rechazan y discriminan a la comunidad local, un sector de ella depende de ellos porque genera empleos, y el resultado es el repudio a lo asiático.

 

Pero hay algo más. Por ejemplo Japón también se hizo presente mediante su impacto en la tecnología, sino que los japoneses que llegaron introdujeron un saber que era propio de sus países. No sólo llegaron profesionistas como ingenieros, dentistas, cirujanos, médicos, sino que ellos igualmente introdujeron algunas prácticas religiosas, artísticas y culinarias, las artes marciales, música, los arreglos florales y la decoración de espacios de diverso tipo (Ota Mishima, 1993).

 

Todo indica que a lo largo del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, la presencia de las comunidades asiáticas ha sido moderada y pequeña en Guanajuato. El INEGI señalaba en el 2005 que en Guanajuato había 423 coreanos, 133 taiwaneses, 94 japoneses, 89 chinos, 6 filipinos y 5 tailandeses, mientras algunas autoridades calculan que unos mil asiáticos viven en León[9]. Pero se calcula igualmente que en 2006 llegaron 1, 500 asiáticos al estado de Guanajuato para establecerse en León, Valle de Santiago, San Francisco del Rincón, de los cuales 553 eran coreanos, 328 chinos, 284 japoneses, 126 taiwaneses, además de personas que han llegado de Mongolia, Nepal, Kazajistan, Kirguzistan, Paquistan, Singapur, Vietnam[10].

 

El crecimiento se ha estado dando, en pequeñas dosis, en la década de los noventa y en el dos mil. Es decir, apenas comienza a ser visible su presencia.

 

Uno va a ciertos centros de consumo y la presencia de orientales comienza a ser habitual, y esto se refleja igualmente algunas zonas residenciales donde además de personas que han llegado de distintas ciudades del país, se tiene de vecinos a algunas familias de asiáticos, y sus hijos se inscriben en escuelas tradicionales de la ciudad. Los fines de semana se les pueden ver en algunos restaurantes japoneses o coreanos que se han abierto en los últimos años. Sus hijos serán una nueva raza, y ellos para la ciudad será una nueva mutación poblacional.

 

Pero no todo se refiere a la manera como la presencia de los asiáticos altera la vida en la ciudad. Está la presencia de la cultura asiática en la población de la ciudad, del país.

 

Cuando un estudiante me pregunta que dónde puede estudiar japonés y esto me lleva a pensar que en algunas universidades de la ciudad se están dando clases de chino, japonés, que han personas o centros de lenguas que han incluido el estudio del japonés, me lleva a pensar que no todo es para prepararse para el futuro de las relaciones comerciales de corte internacional. El joven que me pregunta que dónde puede estudiar japonés es uno de varios que me lo han preguntado y la respuesta del por qué lo quieren estudiar es la misma: quieren hacer anime.

 

Esto es un primer indicio. Asisto a la feria del libro de la ciudad y en los locales donde venden mangas y anime, hay manuales, escritos y audiovisuales, para aprender japonés. Asisto al segundo piso de la plaza de la tecnología, donde se venden mangas y anime, y ahí venden manuales de estudio de la lengua japonesa. Voy a convenciones de otakus de la ciudad, y sucede lo mismo. La lengua y simbología japonesa es un medio que identifica y conecta, incluso más allá del interés de hacer anime en algún momento de la vida de los jóvenes. Es un conector, un recurso de identidad, de vínculo.

 

Pero hay algo más. Una estudiante hace la exposición de algunas tendencias juveniles, que van de los góticos, los darketos, los cibernautas, los hikikomori. La sentencia final de la exposición: para muchos de estos jóvenes el anime es más real que la realidad.

 

Recurro a Carlos Monsiváis (2006, 173) que expresa:

 

El analfabetismo funcional es la relación dominante con la lectura. De acuerdo con esto: lees es dejar de ver lo interesante, leer es renunciar al privilegio de la realidad.

 

En tierras donde la lectura es parte de no atender la realidad, lo que aparece como constante, más allá de la realidad inmediata y lejana, de la página del libro que no entra porque no ha entrado nunca y cuando se tiene que hacer lo hace de manera que parece anacrónica, aburrida y sin sentido, lo que está presente, lo que habla y define la realidad es la imagen que se mueve en las pantallas.

 

Nuevamente recurro a Carlos Monsiváis (1979), que hace décadas escribió que los jippitecas mexicanos, en los setenta, eran los primeros norteamericanos nacidos en México. Quizá había que pensar en paralelo con algunos de los jóvenes mexicanos que ven que el anime es más real que la realidad: es la primera generación de japoneses nacidos en México, generación que despierta la misma sensación que en los ochenta en Japón respecto a los shinjinrui, y de la que nos toca desconcertarnos porque los referentes para entenderlos están bajo modelos occidentales, cuando el surtidor del cual se abastecen proviene de otras fuentes.

 

El medio del cual proviene es Japón, pero igualmente China y Corea. En los tres casos el proyecto de llegar a occidente es un proyecto que se gestó décadas atrás e implicó una transformación profunda en su sociedad y resulto en alteraciones radicales en sus tradiciones y en sus generaciones de jóvenes, donde la vida se centro en un proceso de conformación, sobre todo en el caso de Japón, de un proyecto económico y cultural sustentado en las tecnologías de información y en la industria cultural que en los ochenta fue evidente que se había conformado en toda una estrategia con productos para la “exportación cultural”: además de productos tecnológicos de diverso tipo, la afición a prácticas y mundos simbólicos, estilos de vida, sustentados en las artes marciales, el karaoke, la música, el cine, los videojuegos, el manga y el anime (Ortiz, 2003), aunque para los occidentales, el mundo particular de lo “japonés” expresa un sentimiento, un mundo emocional, una evocación, un vínculo que así como era parte viva y fundamental en el espíritu de la tradición japonesa que se diferenciaba claramente de occidente de las generaciones hasta mediados del siglo XX (Tanizaki, 2007), ahora lo es para Occidente, pero cabalgando en los nuevos rasgos del Japón postmoderno, postconvencional.

 

En literatura, un síntoma de esos cambios y estados emocionales son las obras literarias de Haruki Murakami, Kenzaburo Oé, Banana Yoshimoto.

 

Si en la ciudad de León se puede rastrear la conformación de identidades de los jóvenes a partir del modelo hispano hasta mediados del siglo XX, a partir de entonces se puede ver el giro hacia el “américan way of life” que se reflejaría en las capas medias en lo que se refiere a las aspiraciones de un modelo de casa habitación, un tipo de familia con un estilo particular, la ilusión de tener malls y de viajar a Disneylandia, de vestirse a la moda californiana, la afición por los hotdogs y las hamburguesas, la música de rock, las películas y las series de televisión de fabricación al estilo Hollywood. A finales de los noventa y a principios del dos mil en los jóvenes aparece el modelo asiático y las familias no saben por qué y de dónde viene todo ello.

 

Los jóvenes que eran niños a finales de los ochenta y principios de los noventa resintieron varios cambios: la ciudad se transforma, crece, se expande, y los riesgos de jugar en la calle, de ir al parque, de estar con los vecinos o amigos de la escuela, los lleva a quedarse en casa. Los padres tienen que dejar la casa para ir a trabajar. Los niños se quedan y encuentran en ella una compañera y un quehacer: la televisión, la videocassetera, los videojuegos. Ahí ven las caricaturas y películas infantiles que transmiten en la televisión o las películas que rentan los padres. Ahí ven series como Caballeros del Zodiaco, He Man, Thundercats, Candy, Heidi, Remi y otros más.

 

Cuando crecen y llegan a la secundaria, hay cosas que cambian: pueden salir a la calle con los amigos, ir a las cafeterías, los centros comerciales, los billares, y otros lugares; en la casa ha llegado el Internet, el DVD, los discman, y se encuentran que sus aficiones giran a partir de series de televisión como Los Simpson, la revelación que tienen algunos con la serie de anime Evangelion y otras más. Entonces empiezan a correr por otras vías.

 

Una clave: lo que ven y bajan de Internet; lo que pueden comprar en centros de venta de productos del anime o en mercados o tianguis donde venden películas piratas. Ambos casos implican un centro de venta y una economía no localizable, distribuida, borrosa, que no necesariamente pasa por los centros de renta y venta de películas o música. Otras redes comerciales, otras redes de relación social y afectiva, donde objetos, productos y prácticas se integran de otra manera. Llaveros, gorros, mochilas, almohadas, bebidas refrescantes, muñecos, playeras, chamarras, gorros, colgijes, frituras, postres, revistas, películas, carteras, cinturones, son parte de todo ello.

 

Los jóvenes ven series como Full Metal Alchemist, Holic, Naruto, Death Note, Avatar,  Sailor Moon, Marmalade Boy, o películas como Ghost in the Shield, Princess Mononoke, Porco Rosso, Shaman King, Samurai Jack, Otaku no video 1982-1985, Train Man, My Sassy Gir, Fly Daddy Fly, Azumi, juegan a videojuegos desde los clásicos como Mario Bros, Space Invadres, Donkey Kong, Zelda, hasta más actuales, por decir algunas, sólo algunas, de cientos, de miles de opciones.

 

No por nada se dice que tanto el anime como los videojuegos generan más ganancias que las películas norteamericanas[11]. Por ello se han incluido en las películas, los videojuegos y las series de televisión de Estados Unidos elementos o recursos que provienen del anime, e incluso son parte de la programación de canales para los niños como Níkelodeon, Cartoon Network, o canales como Disney Channel ha incluido rasgos estéticos juveniles y programas con este tipo de perfil. Incluso, la aparición de canales dedicados exclusivamente al anime. Películas como Matrix, Kill Bill, o películas infantiles como Kung Fu Panda, Schreck, son una reminiscencia de ello y el curso introductoria a los nuevos niños a esta estética y a esta mística.

 

Porque el anime y el manga se pone como un recurso estético de atracción afectiva e identitaria para niños y jóvenes. Las estrategias de publicidad de Moviestar, de la Bimbo, de Gamesa, Kellogs, Sonrics y otras marcas más de productos varios para niños tienen mucho de esta vertiente, occidentalizándola. Y por ahí, probablemente, vendrán las maneras de “confeccionar” a la nueva niñez y juventud.

 

En la ciudad de León crece la preocupación por los jóvenes, y son dos las grandes esferas de la preocupación: la salud y la violencia. Las estrategias giran alrededor de educación sobre la sexualidad, las adicciones, y la mirada es hacia los jóvenes pandilleros, miembros de bandas. De ahí en más la preocupación gira alrededor de las deficiencias educativas y de los impactos en los valores familiares.

 

Estas preocupaciones están basadas en índices de enfermedades, adicciones, asesinatos, accidentes automovilísticos, suicidios. Pero las tendencias son más generales. Las dos grandes instituciones sociales de la ciudad, la familia y la iglesia católica están golpeadas. Dos indicadores mínimos: el aumento de divorcios, la baja en los matrimonios[12]; la ausencia de los fieles a misa. En ambos casos se acusa a las mujeres que siguen las tramas de las telenovelas, a los jóvenes que miran un mundo vacío y carente de valores[13].

 

Estas miradas, como la de los empresarios que miran al gigante chino, sólo ven una realidad parcial y dejan de ver procesos más amplios: procesos civilizatorios que se están dando por todos lados: uno que proviene de una historia cultural lejana en el tiempo, otra historia cultural lejana en el tiempo que se cimbra.

 

Así como en los siglos XVI y XVII se consideró al Bajío Mexicano como un laboratorio de razas, hoy parece volver a darse un proceso de nuevas mutaciones.


[1] Para una referencia sobre los otakus, se recomienda visitar las siguientes páginas web: http://es.wikipedia.or/wiki/Cultura_otaku; http://incilopedia.wikia.com/wiki/Otaku

[2]  Ver periódico A.M., del 18 de abril del 2008.

[3] Periódico A. M., 27 de octubre del 2006.

[4] Periódico A.M. del 20 de agosto del 2006.

[5] Periódico A.M.  del 2 de septiembre del 2006 y del 21 de abril del 2008.

[6] Periódico A. M. del 30 de agosto del 2006.

[7] Periódico A.M. del 15 de abril y del 30 de mayo del 2008.

[8] Periódico A.M. del 23 de junio del 2008.

[9] Consultada de una nota periodística del portal del periódico A.M. en: http://www.am.com.mx, el 5 de septiembre del 2008.

[10] Tomado de nota periodística del portal del periódico A.M.: http://www.am.com.mx, consultado el 5 de septiembre del 2008.

[11] Para revisar las ganancias que estos productos generan en Japón, así como las tendencias de diversificar las tendencias de grupos como los otaku y a partir de ellos crear estrategias de mercados para el consumo de jóvenes, recomendamos revisar el documento, “New Market Scale Estimation for Otaku: Population of 1.72 Millon with Market Scale of Y411 Billon”, consultado el 10 de agosto del 2008 en: http://www.nri.co.jp/english/news/2005/051006.ttml

[12] En el portal del periódico A. M., http://www.am.com.mx, consultado el 5 de septiembre del 2008, se puede ver que en 1998 había 373 divorcios por 10, 000 bodas, en el 2008 eran 1, 300 divorcios frente a 8, 000 bodas. En 1998 había un proceso de divorcio al día, en el 2008 hay entre 4 y 6 diarios

[13] En el portal del periódico A. M., http://www.am.com.mx, consultado el 5 de septiembre del 2008 se reporta que de acuerdo con estudios del Arzobispado de León, pese a que el 98% de la población en la ciudad se dice ser católicos, sólo el 30% asisten a misa los domingos, en una proporción de 3 a 10 leoneses, aunque algunos sacerdotes que ellos calculan que sólo es el 9 o 10% de la población.

Imágenes desde la cultura para recordar el futuro. Miradas desde la mediología. IV

III. Noticias del Imperio. De las tribus a las tribus urbanas para poblar el anime.

 

 

El pasado reciente. Si uno hace un recorrido por distintas trayectorias que conectan diferentes zonas de la ciudad de León, uno no puede dejar de observar, además de que son diferentes formas de regionalizar a la ciudad, que están cubiertas de una diversidad de imágenes y textos: lentamente la textualidad y lo icónico se ha ido tornando visible, no sólo modificando el ambiente urbano, trastocando los paisajes, sino que señalan otras maneras de ser de la ciudad, así como de vivir y experimentar la ciudad.

               

Igualmente uno no puede dejar de observar, que por su ubicación topográfica y su dimensión topológica, sus soportes, sus materiales significantes, así como sus sistemas discursivos, que las imágenes y las textualidades tienen una dimensión política, es decir, “una organización cognoscitiva que afecta a todos los niveles de la vida en comunidad” (Muñoz, 2004: 13), una forma de “ordenamiento de la realidad mediada simbólicamente” (2004: 15).

 

Pero este ordenamiento cognoscitivo mediante las imágenes y las textualidades responden a diferentes modelos del vínculo de la vida política mediante la dimensión de la cultura que se ha ido manifestando en la ciudad, y que representan una diversidad de propuestas y tendencias que se despliegan con el fin de ordenar la vida simbólica de distintos grupos sociales. Y esto es parte de un pasado reciente en la ciudad, un proceso que comenzó a mediados de la década de los ochenta del siglo XX, pero que cobro vigor y se generalizó a principios de la década de los noventa, cuando el país y la ciudad se abrieron plenamente a la internacionalización, a las emanaciones de la globalización.

 

Desde entonces, muchas cosas cambiaron: la ciudad entró de lleno a la postmodernidad, pero esa entrada hizo evidente otro proceso que parecía oculto, como ha sucedido con la activación de la dimensión local al generalizarse lo global: muchos de los remanentes de su premodernidad se unieron en un matrimonio extraño con el mundo luminoso de lo posmoderno.

 

El pasado reciente de la ciudad de León, es parte de esa articulación, y a falta de un retrato completo, de una visión de conjunto, es mejor elaborar una serie de imágenes, de destellos, por los cuales el pasado reciente manifiesta vínculos, resonancias mórficas, con pasados lejanos. Noticias del Imperio, aquellas que provienen de los medios de comunicación.

 

 

Noticia primera.

 

 

No nació aquí, pero para México, se dio a conocer a partir de acontecimientos que sucedieron en la ciudad de Querétaro, la puerta hacia Tierra Adentro, y desde ahí se desató y corrió hacia el norte, donde en otros tiempos fueron las tierras de la Gran Chichimeca: la agresión a los grupos de jóvenes denominados emo.

 

El 8 de marzo del 2008 aparece la noticia de que 800 jóvenes, “pertenecientes de grupos urbanas, como punk, metaleros, bandas oscuras y skaceros agredieron a jóvenes del movimiento emo –identificados porque su filosofía es actuar conforme a sus emociones y sentimientos-, con el objetivo de impedirles reunirse en una plaza del centro histórico de la capital queretana”[1].

 

La noticia creció y se expandió como fuego sobre hierba seca por distintos medios y recursos: la prensa, la radio, la televisión; páginas web, correos electrónicos, bogs; rumores y comentarios entre distintos grupos de jóvenes, padres de familia, centros educativos. La noticia fue nota en periódicos internacionales, como en España y algunos países de América Latina. Para algunos, fue causa de indignación, para otros de escepticismo. Para algunos fue la especulación sobre las actitudes de los grupos juveniles involucrados, que en días subsecuentes se manifestando su no participación en las agresiones porque no es parte de su filosofía de grupo, para otros fue la búsqueda de saber qué son los emos y las desde ese momento conocidas como “tribus urbanas”, para otros era la comprobación del racismo e intolerancia prevaleciente no sólo entre los grupos, sino en la sociedad en general.

 

Igualmente, en los días subsecuentes, comenzaron a aparecer notas periodísticas de llamados a agresiones o de agresiones a emos en diferentes ciudades del centro y del norte del país.

 

Durante las primeras comparecencias del juicio levantado contra seis agresores a emos en la ciudad de Querétaro, estos jóvenes manifestaron que la agresión se había hecho porque les molestaba que “se adueñen del Centro Histórico”.Algunas de las pruebas que se dieron para culpar a los jóvenes, fueron algunos mensajes que mandaron desde sus celulares. Uno de los mensajes era una invitación al centro histórico de Querétaro el 25 de abril para “dar muerte a los emos” porque “destruyen a la sociedad” y pedían llevar a “la masacre: palos, cadenas, tubos, navajas, piedras, botellas”. En un segundo correo era otra convocatoria para ir a golpear a los emos en una tocada para el 11 de abril en una escuela privada[2].

 

Mucho revuelo en pocos días, muchos dimes y diretes, muchas especulaciones, declaraciones que iban del desconocimiento, al desconcierto, a la toma de postura. En estos tiempos, la palabra emo fue la que mayor atención tuvo y puso en marcha a los buscadores de internet, y el apartado de la Wikipedia fue el diccionario que obró los prodigios de tornar visible lo difuso, de colocar un aura de sentido ante lo evanescente. Y en ese ir y venir, en algún rincón, la sospecha de si esa realidad editada y señalada permitía ver, aquello que ha señalado Michel Maffesoli (2004a: 14), “el resurgimiento de estructuras inmutables siempre nuevas, cosas antiquísimas, arquetípicas, que se elevan ante nuestros ojos”.

 

El suceso parece un acontecimiento mariposa que parece convertirse en un tornado, y de entre los vientos a los cuales se incitó, alguien hace una observación.

 

En una entrevista, el sociólogo de la Universidad Autónoma de México, Héctor Castillo Berthier, responde sobre el por qué de las agresiones: “…si leemos los mensajes anónimos que se mandaron por internet, la convocatoria era a otras tribus, los skatos, los punketos, los metaleros. Esa es la convocatoria que toman los medios. Si se revisan los primeros blogs de las entrevistas de los agresores, todos eran más bien estudiantes lasallistas o maristas o del Cumbres, todos eran chavitos clase media sin ninguna cuestión identitaria física, que te decían: ‘¿Por qué no me gustan los emos?’ Porque son homosexuales, porque lo mismo da un hombre que una mujer y no los puedes distinguir, y no queremos que los homosexuales vengan a esta plaza”.

 

El sociólogo añade sobre el origen de los ataques: “… tiene que ver más con la intolerancia generada desde los extremismos de grupos que pueden ser de extrema derecha, que están ligados a asuntos escolares, y que dicen: ‘A ver, yo mando un mensaje: recuperemos nuestra plaza, no queremos homosexuales, perfecto, pues vayamos a agredir’. Y todo viene en un comunicado anónimo donde la culpa la tienen los otros”.

 

En el fondo del cual el sociólogo hace sus observaciones hay algo más de lejano que el pasado reciente y que sin embargo invita a pensar de manera rápida sobre la manera como se colapsa el tiempo en historia reciente: la articulación de viejas tendencias sobre nuevos actores para ocupar el espacio histórico y primordial, simbólico, que va más allá de las filiaciones identitarias históricas primeras, sino de las improntas y mecanismos para fijar el orden, la continuidad y los marcos desde los cuales se organiza lo social y lo humano, en un tiempo donde las amenazas de las certezas y seguridades son nuevamente amenazadas por la presencia de la alteridad, como expresa Ian Chambers (2006: 234), una dinámica que tiene su propia historia, y que remite a aquellas etapas del colonialismo y violencia, como lo acontecido con la conquista de América, donde erradicar la alteridad “es suprimir todo lo que se opone al ejercicio del poder que me permite estar seguro de la rotundidad de mi autonomía”, dentro de un entorno donde la vida se ha movido, las fronteras, las articulaciones de lo social en el tiempo y en el espacio se ha reconfigurado y es un proceso en marcha[3].

 

La noticia de la agresión a los emos, entonces, manifiesta algo más de fondo que el simple suceso: una realidad que se ha ido manifestando pero que parece estar vacía de significación, simbólicamente generalizada, y a la que una instancia la torna visible, la señala y le otorga una impronta de sentido[4]; una realidad que colapsa y se pone en tensión, y que eso mismo conlleva un cuadro complejo y complicado del presente, pero impulsado en mucho por resortes de pasados varios que se tejen de una manera tal que lo hacen visible y concreto; un contexto y un fondo que le da espesor y sentido: momentos de crisis, de tensión, donde se forja un ambiente colectivo en diferentes planos y niveles (internacional, nacional, regional y local) que hablan de una zona de tiempo para alterar tanto los imaginarios colectivos y la vida social.

 

En el periodo desde que se gestó la agresión a los emos, los medios de comunicación incluyeron este suceso dentro de la agenda social de lo que toca ver al tornar visible no únicamente los procesos cambiantes que conforman la vida social que alcanzan la dimensión de agenda pública, sino la manera como su acción torna factible ocupar emocionalmente un territorio, el ánimo y el sentimiento colectivo (Virilio, 2007: 30), en un procedimiento que Rossana Reguillo (2000: 74) menciona como la recuperación del “habla mítica” del pueblo, “en el sentido de jugar con las ganas de experiencia, con la necesidad de un mundo trascendente que esté por encima de lo experimentado y que sea, paradójicamente, experimentable a través del relato de los miedos de los medios”, donde, como expresa Jesús Martín Barbero[5]:

 

Los medios constituyen hoy, a la vez, el más sofisticado dispositivo de moldeamiento y cooptación de las sensibilidades y los gustos populares, y uno de los más vastos conjuntos de mediaciones históricas de las matrices narrativas, gestuales, escenográficas del mundo popular, en cuanto ámbito de hibridación de ciertas formas de enunciación, ciertos saberes narrativos, ciertos géneros dramáticos y novelescos de las mestizas culturas de nuestros países.

 

Durante los meses en que se enmarca la agresión a los emos y la reacción de ellos y de la opinión pública, los medios de comunicación tenían una agenda pública que devenía de meses atrás, y dentro de la cual el incidente propició incorporar nuevos sentidos dentro de campos de sentido reiteradamente trabajados[6]. La agresión propició reacciones varias en la prensa nacional[7].

 

La sección de sucesos locales retomó el tema de los jóvenes: desde los reportajes sobre lo que son las tribus urbanas y el nuevo lenguaje que usan los jóvenes en el Internet[8], el crecimiento del uso de música en soportes tecnológicos portátiles[9], hasta noticias que los involucran y los ubican dentro de entornos donde son los causantes de amenazas y peligros: el alcoholismo y los accidentes viales[10]; la presencia creciente de bandas, pandillas, donde se hace particular énfasis en la presencia de mujeres jóvenes[11]; la preocupación por la drogadicción juvenil y la necesidad de tornar más fuerte la “operación mochila”; la presencia en el estado de Guanajuato, y en la ciudad de León, de los “maras”.

 

En contra parte, están otros sucesos “contenedores” de las amenazas y peligros: además de manifestaciones públicas como las de la iglesia sobre los jóvenes y la presencia de mafias en la ciudad[12], aparece la organización de marchas a favor de los valores familiares[13], la organización de pláticas para prevenir a los adolescentes sobre la drogadicción y otros problemas relacionados con la salud[14], el develamiento de una estatua de Juan Pablo II en la Plaza Principal, y la encuesta publicada el 30 de abril, el día del niño, donde se expresa cómo los niños viven con el temor de ser asaltados[15].

 

Estas dos tendencias se enmarcan en sucesos más amplios que enmarcan lo que sucede en el estado de Guanajuato y/o en la ciudad de León: por un lado, la tibia mención de redes de narcos y de operativos militares que ingresan a las ciudades para “prevenirlos” y “combatirlos”[16], así como la incesantes olas de robos, asaltos, secuestros, el asesinato de mujeres, los suicidios; por el otro lado, mientras se señala continuamente los problemas constantes en la ciudad por el caos vial, se señala el crecimiento de atropellados, por imprudencia, exceso de velocidad, debido al alcoholismo y desenfreno de jóvenes automovilistas; igualmente está la polaridad de realidades: mientras se habla del crecimiento de hombres y mujeres que migran hacia Estados Unidos[17], el bajo nivel escolar de los niños, se menciona del millonario presupuesto para combatir la pobreza ayudando a las familias con índices de pobreza extrema, y de combatir el analfabetismo entre las mujeres guanajuatenses; finalmente, se hace presente la problemática de la salud ante las preocupaciones por el crecimiento de la obesidad, la diabetes y las enfermedades que aparecen debido a las caries, todas relacionadas con una problemática mayor: la alimentación.

 

El entorno: la realidad se descompone en varias realidades que se mueven frenéticamente y llevan a un colapso donde todo se torna inseguro, inestable, amenazante. Retorna el imperio de la violencia, del miedo, de las amenazas.

 

Tiempos de politeísmos ideológicos y emocionales, de sacudidas colectivas por la telúrica re aparición de viejos arquetipos y remanentes arcaicos que parecieran manifestar lo expresado por Durkheim (2000: 33) en el sentido de que en “lo que concierne a los hechos sociales, aún tenemos una mentalidad de primitivos”, ya que como expresaría el historiador francés Jean Delumeau (1996: 17) “permiten alcanzar los sentimientos y comportamientos suficientemente significativos en el plano colectivo”[18].

 

Mas allá de la compleja y complicada contextualización del presente en diversas esferas, campos y niveles, la agresión de los emos activa viejas realidades, que si bien son parte de las condiciones de una sociedad del riesgo (Beck, 1998) que dinamiza la modernidad y la globalización (Ianni, 2000), pensamos en dos mecanismos que hacen en el presente aquello que señala Paul Virilio (2007: 53) sobre el impacto contra la barrera del tiempo, que al rebasarla por su velocidad y su acción bajo el vector del presente y del “tiempo del instante”, el retroceso por los caminos históricos que posibilitaron su manifestación.

 

El primero se refiere a la propuesta de Octavio Ianni (2000a: 57) de ver a la violencia como un recurso heurístico, porque:

 

Revela lo visible y lo invisible, lo objetivo y lo subjetivo, en lo que se refiere a lo social, económico y lo político y cultural, comprendiendo lo individual y lo colectivo, la biografía y la historia. Se desdobla permisivamente por los poros de la sociedad y del individuo. Es un evento heurístico de excepcional significación, porque modifica sus formas y técnicas, razones y convicciones de conformidad con las configuraciones y los movimientos de la sociedad, en escala nacional y mundial.

 

No por nada la violencia, como el miedo, tiene un proceso histórico particular que parece ser una constante en la historia de la civilización humana, que se torna colectivo e intencional, ante hechos y momentos de choque o contacto entre culturas, como en el caso de las colonizaciones, imperialismos y globalismos[19], pero igualmente en momentos de reacomodos colectivos al interior de los pueblos.

 

El segundo está íntimamente relacionado con el anterior y que se refiere al doble proceso que continuamente se desarrolla, por varios procesos históricos, sobre la necesidad de observar, nombrar y establecer a la diferencia con el “otro”, donde queda claro que no basta señalar y nombrar al otro, sino el marco de visión, propio de una acción militar o militante dentro de una guerra, y que en tiempos pasados, era la razón del empleo de mapas, cartografías, censos, cartas de navegación, y que desde mediados del siglo XX, las transformaciones de lo visual, de la fotografía al cine y de esto a los diversos soportes audiovisuales, son fundamentales (Virilio, 2007: 28) para las reformulaciones de lo real, lo verdadero, lo correcto (Virilio, 1999: 101).

 

Como lo fue en la Colonia con el cambio de los códigos de las representaciones visuales, en la actualidad se realiza mediante los recursos de la teleóptica, y no es gratuito que Rossana Reguillo (2005: 92-93) señale a la mirada como la estrategia de definir y organizar la diferencia, donde el desarrollo de la telescopía es fundamental, bajo la lógica racional y visual que posibilita lo telescópico y lo microscópico, siendo este último el desarrollo de las “tecnologías de la proximidad” que se instalan en el hogar y que posibilitan apreciar de las diferencias dentro de los marcos endógenos de las culturas, lo que posibilitan la transformación del uso de la televisión, y del Internet, como un recurso metereológico del metabolismo y de la vida social (Virilio, 1999: 26).


[1] Periódico, La Jornada, domingo 9 de marzo de 2008.

[2] Publicado en el periódico La Jornada, el martes 8 de abril de 2008.

[3] En este punto, retomamos las observaciones de Marc Augé (2007: 18)  en que las “fronteras” resurgen creando nuevos tipos de oposiciones, ante la apariencia de que las fronteras tradicionales se habían disuelto, porque se ha instalado un mercado laboral mundial y porque los medios de comunicación parecen haber borrado las distancias y obstáculos del tiempo y del espacio. Por ello propone la diferenciación de la ciudad mundial (“constituida por las vías de circulación y los medios de comunicación y difunden una imagen del mundo cada vez más homogénea”) con la de ciudad-mundo (donde “la población se condensa y, a veces, se producen enfrentamientos originados por las diferencias y las desigualdades” (2007: 20).

[4] No sólo la inquietante necesidad de muchos grupos por saber qué es un emo, sino una “tribu urbana”, que de manera generalizada se desprende del sentido otorgado por Michel Maffesoli (2004b) para tratar de encontrar en este término a un colectivo amenazante, agresivo y degradante.

[5] Citado en Reguillo, 2000: 75.

[6] En este caso nos referiremos al caso de la prensa, y específicamente al periódico, A. M. (Antes Meridiano), durante los meses de marzo y abril del 2008.

[7] Habría que destacar la encuesta realizada por el periódico Reforma, y publicada el domingo 4 de mayo del 2008 sobre la intolerancia de y sobre las “tribus urbanas”, y aplicada en el Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara.

[8] En el reportaje publicado por el periódico A. M. el sábado 26 de abril del 2008, se mencionan una serie de datos importantes sobre el equipamiento tecnológico en Guanajuato y la ciudad de León: en 1999 había 192, 781 usuarios de celulares y en el 2005 eran 523, 805 en Guanajuato, siendo la ciudad de León la que concentra la mayor cantidad de usuario: 83, 437 en 1999, y 440, 849 en el 2005; en 1999, había 163, 484 casas con computadora y en el 2005, eran 722, 560 en Guanajuato, mientras que en la ciudad de León había 60, 298 en 1999, y 266, 808 en el 2005

[9] Es interesante la nota publicada en el periódico A. M. el lunes 7 de abril del 2008, donde se entrevistan a jóvenes de secundaria y quienes manifiestan que lo usan para no aburrirse, en paralelo se publica otra nota donde se entrevista a director de Salud Municipal quien señala que el uso de estos aparatos causan daños a la salud.

[10] En la edición del lunes 7 de abril del 2008 del periódico A. M., se menciona que el 2007 hubo 1, 450 personas que murieron en accidentes automovilísticos causados por el alcohol, siendo los causantes los jóvenes,

[11] De acuerdo con el periódico A. M.,  del 17 de abril del 2008, se calculan 1, 008 bandas en la ciudad de León, integradas por 30, 000 jóvenes de los cuales, 6, 000, el 20%, son mujeres.

[12] La presencia de la Iglesia católica de la ciudad de León se ha convertido en el siglo XX, y principal en la última década, en un líder de opinión pública con capacidad de convocatoria a nivel empresarial y política, por eso se publican sus llamados, aunque se ha llegado a manifestar su vínculo con el narco a través de limosnas, cosa que el Arzobispo de León ha desmentido. Periódico A. M., 7 de abril del 2008.

[13] La familia y los valores familiares han sido una de las áreas estratégicas de la administración del gobernador del estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, quien ha participado en las marchas realizadas y ha implementado presupuestos  y ha firmado convenios para el “rescate de 100 familias”. Periódico A. M., 26 de marzo de 2008.

[14] En el periódico A. M. del 22 de abril se publicó la noticia de que el DIF de la ciudad de León había recibido un presupuesto de $408, 800 para implementar programas de orientación familiar, desarrollo comunitario y nutricional y estrategias de prevención de drogas para beneficiar a 2, 500 estudiantes de secundaria, ya que ellos son “más vulnerables a caer en problemas como la drogadicción, embarazos no deseados y desórdenes alimenticios como obesidad, bulimia y anorexia.

[15] Es interesante observar la encuesta publicada por el periódico A. M. el 30 de abril del 2008, en relación al tipo de respuestas de niños por clases sociales. Por ejemplo, en lo que respecta a lo que sueñan, mientras los niños de padres de mayores ingresos sueñan con divertirse y viajar, un mejor ambiente ecológico y a usar tecnología, los niños de clase media, sueñan con que sus ciudad sea grande y menos contaminada, mientras que los más pobres, suelan con subir de nivel socioeconómico, apoyar a su familia, mayor seguridad donde viven.

[16] El periódico A. M. del martes 25 de marzo del 2008 reporta el primer operativo del Ejército Mexicano en la ciudad de León en un operativo antidroga en la zona urbana.

[17] De acuerdo con las cifras de Desarrollo Humano de Guanajuato, 93, 000 guanajuatenses emigran al año a Estados Unidos, de los cuales el 81% lo hace en carácter de indocumentado. Periódico, A. M., lunes 7 de abril, 2008.

[18] La afirmación de Delumeu la hace bajo la orientación de su trabajo de investigación sobre la relación de la religión y el sentimiento de seguridad en Europa en el siglo XV y XVI.

[19] Un ejemplo de ello para el caso de América Latina en la época de la conquista la podemos ver en Muldoon, 1991.