Imágenes desde la cultura para recordar el futuro. Miradas desde la mediología. IV

III. Noticias del Imperio. De las tribus a las tribus urbanas para poblar el anime.

 

 

El pasado reciente. Si uno hace un recorrido por distintas trayectorias que conectan diferentes zonas de la ciudad de León, uno no puede dejar de observar, además de que son diferentes formas de regionalizar a la ciudad, que están cubiertas de una diversidad de imágenes y textos: lentamente la textualidad y lo icónico se ha ido tornando visible, no sólo modificando el ambiente urbano, trastocando los paisajes, sino que señalan otras maneras de ser de la ciudad, así como de vivir y experimentar la ciudad.

               

Igualmente uno no puede dejar de observar, que por su ubicación topográfica y su dimensión topológica, sus soportes, sus materiales significantes, así como sus sistemas discursivos, que las imágenes y las textualidades tienen una dimensión política, es decir, “una organización cognoscitiva que afecta a todos los niveles de la vida en comunidad” (Muñoz, 2004: 13), una forma de “ordenamiento de la realidad mediada simbólicamente” (2004: 15).

 

Pero este ordenamiento cognoscitivo mediante las imágenes y las textualidades responden a diferentes modelos del vínculo de la vida política mediante la dimensión de la cultura que se ha ido manifestando en la ciudad, y que representan una diversidad de propuestas y tendencias que se despliegan con el fin de ordenar la vida simbólica de distintos grupos sociales. Y esto es parte de un pasado reciente en la ciudad, un proceso que comenzó a mediados de la década de los ochenta del siglo XX, pero que cobro vigor y se generalizó a principios de la década de los noventa, cuando el país y la ciudad se abrieron plenamente a la internacionalización, a las emanaciones de la globalización.

 

Desde entonces, muchas cosas cambiaron: la ciudad entró de lleno a la postmodernidad, pero esa entrada hizo evidente otro proceso que parecía oculto, como ha sucedido con la activación de la dimensión local al generalizarse lo global: muchos de los remanentes de su premodernidad se unieron en un matrimonio extraño con el mundo luminoso de lo posmoderno.

 

El pasado reciente de la ciudad de León, es parte de esa articulación, y a falta de un retrato completo, de una visión de conjunto, es mejor elaborar una serie de imágenes, de destellos, por los cuales el pasado reciente manifiesta vínculos, resonancias mórficas, con pasados lejanos. Noticias del Imperio, aquellas que provienen de los medios de comunicación.

 

 

Noticia primera.

 

 

No nació aquí, pero para México, se dio a conocer a partir de acontecimientos que sucedieron en la ciudad de Querétaro, la puerta hacia Tierra Adentro, y desde ahí se desató y corrió hacia el norte, donde en otros tiempos fueron las tierras de la Gran Chichimeca: la agresión a los grupos de jóvenes denominados emo.

 

El 8 de marzo del 2008 aparece la noticia de que 800 jóvenes, “pertenecientes de grupos urbanas, como punk, metaleros, bandas oscuras y skaceros agredieron a jóvenes del movimiento emo –identificados porque su filosofía es actuar conforme a sus emociones y sentimientos-, con el objetivo de impedirles reunirse en una plaza del centro histórico de la capital queretana”[1].

 

La noticia creció y se expandió como fuego sobre hierba seca por distintos medios y recursos: la prensa, la radio, la televisión; páginas web, correos electrónicos, bogs; rumores y comentarios entre distintos grupos de jóvenes, padres de familia, centros educativos. La noticia fue nota en periódicos internacionales, como en España y algunos países de América Latina. Para algunos, fue causa de indignación, para otros de escepticismo. Para algunos fue la especulación sobre las actitudes de los grupos juveniles involucrados, que en días subsecuentes se manifestando su no participación en las agresiones porque no es parte de su filosofía de grupo, para otros fue la búsqueda de saber qué son los emos y las desde ese momento conocidas como “tribus urbanas”, para otros era la comprobación del racismo e intolerancia prevaleciente no sólo entre los grupos, sino en la sociedad en general.

 

Igualmente, en los días subsecuentes, comenzaron a aparecer notas periodísticas de llamados a agresiones o de agresiones a emos en diferentes ciudades del centro y del norte del país.

 

Durante las primeras comparecencias del juicio levantado contra seis agresores a emos en la ciudad de Querétaro, estos jóvenes manifestaron que la agresión se había hecho porque les molestaba que “se adueñen del Centro Histórico”.Algunas de las pruebas que se dieron para culpar a los jóvenes, fueron algunos mensajes que mandaron desde sus celulares. Uno de los mensajes era una invitación al centro histórico de Querétaro el 25 de abril para “dar muerte a los emos” porque “destruyen a la sociedad” y pedían llevar a “la masacre: palos, cadenas, tubos, navajas, piedras, botellas”. En un segundo correo era otra convocatoria para ir a golpear a los emos en una tocada para el 11 de abril en una escuela privada[2].

 

Mucho revuelo en pocos días, muchos dimes y diretes, muchas especulaciones, declaraciones que iban del desconocimiento, al desconcierto, a la toma de postura. En estos tiempos, la palabra emo fue la que mayor atención tuvo y puso en marcha a los buscadores de internet, y el apartado de la Wikipedia fue el diccionario que obró los prodigios de tornar visible lo difuso, de colocar un aura de sentido ante lo evanescente. Y en ese ir y venir, en algún rincón, la sospecha de si esa realidad editada y señalada permitía ver, aquello que ha señalado Michel Maffesoli (2004a: 14), “el resurgimiento de estructuras inmutables siempre nuevas, cosas antiquísimas, arquetípicas, que se elevan ante nuestros ojos”.

 

El suceso parece un acontecimiento mariposa que parece convertirse en un tornado, y de entre los vientos a los cuales se incitó, alguien hace una observación.

 

En una entrevista, el sociólogo de la Universidad Autónoma de México, Héctor Castillo Berthier, responde sobre el por qué de las agresiones: “…si leemos los mensajes anónimos que se mandaron por internet, la convocatoria era a otras tribus, los skatos, los punketos, los metaleros. Esa es la convocatoria que toman los medios. Si se revisan los primeros blogs de las entrevistas de los agresores, todos eran más bien estudiantes lasallistas o maristas o del Cumbres, todos eran chavitos clase media sin ninguna cuestión identitaria física, que te decían: ‘¿Por qué no me gustan los emos?’ Porque son homosexuales, porque lo mismo da un hombre que una mujer y no los puedes distinguir, y no queremos que los homosexuales vengan a esta plaza”.

 

El sociólogo añade sobre el origen de los ataques: “… tiene que ver más con la intolerancia generada desde los extremismos de grupos que pueden ser de extrema derecha, que están ligados a asuntos escolares, y que dicen: ‘A ver, yo mando un mensaje: recuperemos nuestra plaza, no queremos homosexuales, perfecto, pues vayamos a agredir’. Y todo viene en un comunicado anónimo donde la culpa la tienen los otros”.

 

En el fondo del cual el sociólogo hace sus observaciones hay algo más de lejano que el pasado reciente y que sin embargo invita a pensar de manera rápida sobre la manera como se colapsa el tiempo en historia reciente: la articulación de viejas tendencias sobre nuevos actores para ocupar el espacio histórico y primordial, simbólico, que va más allá de las filiaciones identitarias históricas primeras, sino de las improntas y mecanismos para fijar el orden, la continuidad y los marcos desde los cuales se organiza lo social y lo humano, en un tiempo donde las amenazas de las certezas y seguridades son nuevamente amenazadas por la presencia de la alteridad, como expresa Ian Chambers (2006: 234), una dinámica que tiene su propia historia, y que remite a aquellas etapas del colonialismo y violencia, como lo acontecido con la conquista de América, donde erradicar la alteridad “es suprimir todo lo que se opone al ejercicio del poder que me permite estar seguro de la rotundidad de mi autonomía”, dentro de un entorno donde la vida se ha movido, las fronteras, las articulaciones de lo social en el tiempo y en el espacio se ha reconfigurado y es un proceso en marcha[3].

 

La noticia de la agresión a los emos, entonces, manifiesta algo más de fondo que el simple suceso: una realidad que se ha ido manifestando pero que parece estar vacía de significación, simbólicamente generalizada, y a la que una instancia la torna visible, la señala y le otorga una impronta de sentido[4]; una realidad que colapsa y se pone en tensión, y que eso mismo conlleva un cuadro complejo y complicado del presente, pero impulsado en mucho por resortes de pasados varios que se tejen de una manera tal que lo hacen visible y concreto; un contexto y un fondo que le da espesor y sentido: momentos de crisis, de tensión, donde se forja un ambiente colectivo en diferentes planos y niveles (internacional, nacional, regional y local) que hablan de una zona de tiempo para alterar tanto los imaginarios colectivos y la vida social.

 

En el periodo desde que se gestó la agresión a los emos, los medios de comunicación incluyeron este suceso dentro de la agenda social de lo que toca ver al tornar visible no únicamente los procesos cambiantes que conforman la vida social que alcanzan la dimensión de agenda pública, sino la manera como su acción torna factible ocupar emocionalmente un territorio, el ánimo y el sentimiento colectivo (Virilio, 2007: 30), en un procedimiento que Rossana Reguillo (2000: 74) menciona como la recuperación del “habla mítica” del pueblo, “en el sentido de jugar con las ganas de experiencia, con la necesidad de un mundo trascendente que esté por encima de lo experimentado y que sea, paradójicamente, experimentable a través del relato de los miedos de los medios”, donde, como expresa Jesús Martín Barbero[5]:

 

Los medios constituyen hoy, a la vez, el más sofisticado dispositivo de moldeamiento y cooptación de las sensibilidades y los gustos populares, y uno de los más vastos conjuntos de mediaciones históricas de las matrices narrativas, gestuales, escenográficas del mundo popular, en cuanto ámbito de hibridación de ciertas formas de enunciación, ciertos saberes narrativos, ciertos géneros dramáticos y novelescos de las mestizas culturas de nuestros países.

 

Durante los meses en que se enmarca la agresión a los emos y la reacción de ellos y de la opinión pública, los medios de comunicación tenían una agenda pública que devenía de meses atrás, y dentro de la cual el incidente propició incorporar nuevos sentidos dentro de campos de sentido reiteradamente trabajados[6]. La agresión propició reacciones varias en la prensa nacional[7].

 

La sección de sucesos locales retomó el tema de los jóvenes: desde los reportajes sobre lo que son las tribus urbanas y el nuevo lenguaje que usan los jóvenes en el Internet[8], el crecimiento del uso de música en soportes tecnológicos portátiles[9], hasta noticias que los involucran y los ubican dentro de entornos donde son los causantes de amenazas y peligros: el alcoholismo y los accidentes viales[10]; la presencia creciente de bandas, pandillas, donde se hace particular énfasis en la presencia de mujeres jóvenes[11]; la preocupación por la drogadicción juvenil y la necesidad de tornar más fuerte la “operación mochila”; la presencia en el estado de Guanajuato, y en la ciudad de León, de los “maras”.

 

En contra parte, están otros sucesos “contenedores” de las amenazas y peligros: además de manifestaciones públicas como las de la iglesia sobre los jóvenes y la presencia de mafias en la ciudad[12], aparece la organización de marchas a favor de los valores familiares[13], la organización de pláticas para prevenir a los adolescentes sobre la drogadicción y otros problemas relacionados con la salud[14], el develamiento de una estatua de Juan Pablo II en la Plaza Principal, y la encuesta publicada el 30 de abril, el día del niño, donde se expresa cómo los niños viven con el temor de ser asaltados[15].

 

Estas dos tendencias se enmarcan en sucesos más amplios que enmarcan lo que sucede en el estado de Guanajuato y/o en la ciudad de León: por un lado, la tibia mención de redes de narcos y de operativos militares que ingresan a las ciudades para “prevenirlos” y “combatirlos”[16], así como la incesantes olas de robos, asaltos, secuestros, el asesinato de mujeres, los suicidios; por el otro lado, mientras se señala continuamente los problemas constantes en la ciudad por el caos vial, se señala el crecimiento de atropellados, por imprudencia, exceso de velocidad, debido al alcoholismo y desenfreno de jóvenes automovilistas; igualmente está la polaridad de realidades: mientras se habla del crecimiento de hombres y mujeres que migran hacia Estados Unidos[17], el bajo nivel escolar de los niños, se menciona del millonario presupuesto para combatir la pobreza ayudando a las familias con índices de pobreza extrema, y de combatir el analfabetismo entre las mujeres guanajuatenses; finalmente, se hace presente la problemática de la salud ante las preocupaciones por el crecimiento de la obesidad, la diabetes y las enfermedades que aparecen debido a las caries, todas relacionadas con una problemática mayor: la alimentación.

 

El entorno: la realidad se descompone en varias realidades que se mueven frenéticamente y llevan a un colapso donde todo se torna inseguro, inestable, amenazante. Retorna el imperio de la violencia, del miedo, de las amenazas.

 

Tiempos de politeísmos ideológicos y emocionales, de sacudidas colectivas por la telúrica re aparición de viejos arquetipos y remanentes arcaicos que parecieran manifestar lo expresado por Durkheim (2000: 33) en el sentido de que en “lo que concierne a los hechos sociales, aún tenemos una mentalidad de primitivos”, ya que como expresaría el historiador francés Jean Delumeau (1996: 17) “permiten alcanzar los sentimientos y comportamientos suficientemente significativos en el plano colectivo”[18].

 

Mas allá de la compleja y complicada contextualización del presente en diversas esferas, campos y niveles, la agresión de los emos activa viejas realidades, que si bien son parte de las condiciones de una sociedad del riesgo (Beck, 1998) que dinamiza la modernidad y la globalización (Ianni, 2000), pensamos en dos mecanismos que hacen en el presente aquello que señala Paul Virilio (2007: 53) sobre el impacto contra la barrera del tiempo, que al rebasarla por su velocidad y su acción bajo el vector del presente y del “tiempo del instante”, el retroceso por los caminos históricos que posibilitaron su manifestación.

 

El primero se refiere a la propuesta de Octavio Ianni (2000a: 57) de ver a la violencia como un recurso heurístico, porque:

 

Revela lo visible y lo invisible, lo objetivo y lo subjetivo, en lo que se refiere a lo social, económico y lo político y cultural, comprendiendo lo individual y lo colectivo, la biografía y la historia. Se desdobla permisivamente por los poros de la sociedad y del individuo. Es un evento heurístico de excepcional significación, porque modifica sus formas y técnicas, razones y convicciones de conformidad con las configuraciones y los movimientos de la sociedad, en escala nacional y mundial.

 

No por nada la violencia, como el miedo, tiene un proceso histórico particular que parece ser una constante en la historia de la civilización humana, que se torna colectivo e intencional, ante hechos y momentos de choque o contacto entre culturas, como en el caso de las colonizaciones, imperialismos y globalismos[19], pero igualmente en momentos de reacomodos colectivos al interior de los pueblos.

 

El segundo está íntimamente relacionado con el anterior y que se refiere al doble proceso que continuamente se desarrolla, por varios procesos históricos, sobre la necesidad de observar, nombrar y establecer a la diferencia con el “otro”, donde queda claro que no basta señalar y nombrar al otro, sino el marco de visión, propio de una acción militar o militante dentro de una guerra, y que en tiempos pasados, era la razón del empleo de mapas, cartografías, censos, cartas de navegación, y que desde mediados del siglo XX, las transformaciones de lo visual, de la fotografía al cine y de esto a los diversos soportes audiovisuales, son fundamentales (Virilio, 2007: 28) para las reformulaciones de lo real, lo verdadero, lo correcto (Virilio, 1999: 101).

 

Como lo fue en la Colonia con el cambio de los códigos de las representaciones visuales, en la actualidad se realiza mediante los recursos de la teleóptica, y no es gratuito que Rossana Reguillo (2005: 92-93) señale a la mirada como la estrategia de definir y organizar la diferencia, donde el desarrollo de la telescopía es fundamental, bajo la lógica racional y visual que posibilita lo telescópico y lo microscópico, siendo este último el desarrollo de las “tecnologías de la proximidad” que se instalan en el hogar y que posibilitan apreciar de las diferencias dentro de los marcos endógenos de las culturas, lo que posibilitan la transformación del uso de la televisión, y del Internet, como un recurso metereológico del metabolismo y de la vida social (Virilio, 1999: 26).


[1] Periódico, La Jornada, domingo 9 de marzo de 2008.

[2] Publicado en el periódico La Jornada, el martes 8 de abril de 2008.

[3] En este punto, retomamos las observaciones de Marc Augé (2007: 18)  en que las “fronteras” resurgen creando nuevos tipos de oposiciones, ante la apariencia de que las fronteras tradicionales se habían disuelto, porque se ha instalado un mercado laboral mundial y porque los medios de comunicación parecen haber borrado las distancias y obstáculos del tiempo y del espacio. Por ello propone la diferenciación de la ciudad mundial (“constituida por las vías de circulación y los medios de comunicación y difunden una imagen del mundo cada vez más homogénea”) con la de ciudad-mundo (donde “la población se condensa y, a veces, se producen enfrentamientos originados por las diferencias y las desigualdades” (2007: 20).

[4] No sólo la inquietante necesidad de muchos grupos por saber qué es un emo, sino una “tribu urbana”, que de manera generalizada se desprende del sentido otorgado por Michel Maffesoli (2004b) para tratar de encontrar en este término a un colectivo amenazante, agresivo y degradante.

[5] Citado en Reguillo, 2000: 75.

[6] En este caso nos referiremos al caso de la prensa, y específicamente al periódico, A. M. (Antes Meridiano), durante los meses de marzo y abril del 2008.

[7] Habría que destacar la encuesta realizada por el periódico Reforma, y publicada el domingo 4 de mayo del 2008 sobre la intolerancia de y sobre las “tribus urbanas”, y aplicada en el Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara.

[8] En el reportaje publicado por el periódico A. M. el sábado 26 de abril del 2008, se mencionan una serie de datos importantes sobre el equipamiento tecnológico en Guanajuato y la ciudad de León: en 1999 había 192, 781 usuarios de celulares y en el 2005 eran 523, 805 en Guanajuato, siendo la ciudad de León la que concentra la mayor cantidad de usuario: 83, 437 en 1999, y 440, 849 en el 2005; en 1999, había 163, 484 casas con computadora y en el 2005, eran 722, 560 en Guanajuato, mientras que en la ciudad de León había 60, 298 en 1999, y 266, 808 en el 2005

[9] Es interesante la nota publicada en el periódico A. M. el lunes 7 de abril del 2008, donde se entrevistan a jóvenes de secundaria y quienes manifiestan que lo usan para no aburrirse, en paralelo se publica otra nota donde se entrevista a director de Salud Municipal quien señala que el uso de estos aparatos causan daños a la salud.

[10] En la edición del lunes 7 de abril del 2008 del periódico A. M., se menciona que el 2007 hubo 1, 450 personas que murieron en accidentes automovilísticos causados por el alcohol, siendo los causantes los jóvenes,

[11] De acuerdo con el periódico A. M.,  del 17 de abril del 2008, se calculan 1, 008 bandas en la ciudad de León, integradas por 30, 000 jóvenes de los cuales, 6, 000, el 20%, son mujeres.

[12] La presencia de la Iglesia católica de la ciudad de León se ha convertido en el siglo XX, y principal en la última década, en un líder de opinión pública con capacidad de convocatoria a nivel empresarial y política, por eso se publican sus llamados, aunque se ha llegado a manifestar su vínculo con el narco a través de limosnas, cosa que el Arzobispo de León ha desmentido. Periódico A. M., 7 de abril del 2008.

[13] La familia y los valores familiares han sido una de las áreas estratégicas de la administración del gobernador del estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, quien ha participado en las marchas realizadas y ha implementado presupuestos  y ha firmado convenios para el “rescate de 100 familias”. Periódico A. M., 26 de marzo de 2008.

[14] En el periódico A. M. del 22 de abril se publicó la noticia de que el DIF de la ciudad de León había recibido un presupuesto de $408, 800 para implementar programas de orientación familiar, desarrollo comunitario y nutricional y estrategias de prevención de drogas para beneficiar a 2, 500 estudiantes de secundaria, ya que ellos son “más vulnerables a caer en problemas como la drogadicción, embarazos no deseados y desórdenes alimenticios como obesidad, bulimia y anorexia.

[15] Es interesante observar la encuesta publicada por el periódico A. M. el 30 de abril del 2008, en relación al tipo de respuestas de niños por clases sociales. Por ejemplo, en lo que respecta a lo que sueñan, mientras los niños de padres de mayores ingresos sueñan con divertirse y viajar, un mejor ambiente ecológico y a usar tecnología, los niños de clase media, sueñan con que sus ciudad sea grande y menos contaminada, mientras que los más pobres, suelan con subir de nivel socioeconómico, apoyar a su familia, mayor seguridad donde viven.

[16] El periódico A. M. del martes 25 de marzo del 2008 reporta el primer operativo del Ejército Mexicano en la ciudad de León en un operativo antidroga en la zona urbana.

[17] De acuerdo con las cifras de Desarrollo Humano de Guanajuato, 93, 000 guanajuatenses emigran al año a Estados Unidos, de los cuales el 81% lo hace en carácter de indocumentado. Periódico, A. M., lunes 7 de abril, 2008.

[18] La afirmación de Delumeu la hace bajo la orientación de su trabajo de investigación sobre la relación de la religión y el sentimiento de seguridad en Europa en el siglo XV y XVI.

[19] Un ejemplo de ello para el caso de América Latina en la época de la conquista la podemos ver en Muldoon, 1991.

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