Hikikomori: Aislados, se refugian en un mundo imaginario

El hikikomori es un adolescente, o joven, que se encierra voluntariamente en una habitación a ver tele y jugar con la computadora. Allí guarda lo necesario para sobrevivir y “entretenerse”. El retiro de la vida social es gradual y el detonante suelen ser los fracasos afectivos o burlas. Todavía cuesta encontrar tratamientos para solucionarlo, porque los padres prefieren esperar que su hijo decida él mismo regresar a la calle y porque es un trastorno nuevo: la bibliografía y los especialistas escasean. El hikikomori nace como fenómeno en Japón, pero se extiende rápido por América Latina. La cultura de la vergüenza toma como rehenes a muchas familias que eligen silenciar el problema.

Andrea Durlacher

La integración exige belleza, velocidad, inteligencia, actualización, corrección y una labor políticamente correcta. Y, a veces, da poco o nada al que fracasa cuando lo intenta. Esto lleva a que algunos jóvenes se den por vencidos de antemano. Encerrados por meses o años, suelen vivir con los padres hasta edades avanzadas, para estar más cómodos. Duermen de día y, por la noche, se levantan a ver la tele o a jugar con la computadora. La sociedad japonesa los ha denominado “solteros parásitos”. El aislamiento es gradual: de a poco se encierran, pierden a todos sus amigos, y pasan a vivir de las cosas que imaginan, los programas de televisión, y lo que la computadora (e Internet) muestren del mundo. El miedo a la sociedad se despierta, a menudo, por fracasos que han vivido, como abandonos o desengaños de tipo amoroso, o burlas.

vergüenza. Con la consigna de que “los trapos sucios se lavan en casa”, muchos de los padres de los hikikomori ocultan el encierro del hijo. Por eso, la estadística no arroja mucha luz sobre cuántos jóvenes padecen reclusión intencional. Es común que la familia espere que el joven regrese a la sociedad por voluntad propia; argumentan que quizá sea una etapa más del crecimiento o que no se les ocurre otra opción. Si van a obligarlo a salir, esperarán mucho tiempo. Entonces, cuando el hikikomori regrese a la sociedad, por decisión propia o porque lo han obligado, habrá perdido las habilidades sociales y le costará integrarse.

Sobre el tratamiento, hay dos escuelas: la japonesa, que opta por dejar que el hikikomori se reincorpore solo a la sociedad; y la occidental, que cree necesario forzarlo. La “cultura de la vergüenza”, típica de muchos japoneses y latinoamericanos, sólo pospone el regreso a la calle y lleva a que el número de hikikomori aumente. Algunos de los jóvenes encerrados padecen también agorafobia, esquizofrenia, depresión u otro problema psiquiátrico, pero lo alarmante es que muchos de ellos no presentan trastorno alguno. En algunos casos se explica por la baja natalidad: los padres concentran toda su atención en un hijo solo, que además crece sin la compañía de hermanos. Las crisis económicas y el desempleo también son factores influyentes: muchos de los hikikomori han crecido sin pasar la cantidad suficiente de horas con una figura masculina que sirva como referente, porque el padre debe trabajar varias horas para mantener el puesto, o ganar la cantidad de dinero suficiente para vivir; además, no es fácil para el chico integrarse al mercado laboral que, ante la gran oferta de mano de obra, sólo se queda con los más fuertes.

La psicóloga Sonia Almada, que ha tratado a más de 50 adolescentes hikikomori, explicó a la BBC que: “En América Latina es un fenómeno novedoso que está instalándose rápidamente”. Ella dice que el hikikomori es equiparable, para la psiquiatría, con la bulimia y la anorexia en los `90, porque no se les daba la importancia que merecían.

Para Almada, este joven se refugia en los juegos de Internet para desarrollar aspectos reprimidos de su personalidad, “crecer” a medida que sube su puntaje, y convertirse en líder de otros jugadores online.

QUÉ HACER. La psicóloga recomienda poner “límites certeros”. Un adolescente no tiene derecho a decidir que faltará a clases sin motivo, y tampoco debería pasar más de tres horas jugando con la computadora. Ella, al igual que la mayor parte de la bibliografía sobre el hikikomori, siente que este encierro es producto de la decepción que la sociedad experimenta: “No pueden transmitir a sus hijos la idea de que el esfuerzo y la voluntad hacen que a uno le vaya bien en la vida, porque ni siquiera ellos mismos lo han comprobado”.

La palabra “hikikomori”

La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento.

Se trata de un adolescente o joven que, abrumado por los requerimientos sociales, se recluye en un cuarto. Como tiene una habitación propia y la posibilidad de no trabajar, suele pertenecer a la clase media alta. El contacto humano real desarrolla la personalidad, pero cuesta.

El entorno exige reponerse del sufrimiento, y que sea rápido. El hikikomori es demasiado débil para sobrevivir con las demandas del sistema y decide retirarse, para esquivar el fracaso.

Esta forma de encierro voluntario nació en Japón y ya ha llegado a nuestro país. Quizá sea un síntoma de alarma para que la sociedad coloque en segundo plano al valor del exitismo, y se concentre en cobijar al que lo necesita; para que pueda, despacio, ingresar en el engranaje social. La paradoja del hikikomori es que debe emprender el proceso de integración social, en solitario.

http://www.elpais.com.uy/081102/lault-379142/laultima/aislados-se-refugian-en-un-mundo-imaginario

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