Jóvenes usan celular para hablar entre sí y excluir a los adultos

Para los jóvenes costarricenses los teléfonos celulares son artículos cada vez más indispensables, porque les ayudan a comunicarse con otros adolescentes en forma espontánea y libre.

Al mismo tiempo, les permiten excluir de sus conversaciones a quienes ellos deseen, especialmente a los adultos.

Esa es una de las conclusiones del estudio Uso de las tecnologías de comunicación e información (TIC) entre jóvenes de 12 a 18 años de la GAM , una investigación realizada por expertos del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad de Costa Rica, con patrocinio de la Fundación Paniamor y la organización Save the Children Suecia.

La investigación se hizo en cinco fases, con 193 jóvenes. Incluyó entrevistas y grupos de discusión con muchachos de colegios privados, públicos y que están fuera del sistema educativo.

¿Dialecto celular? “Tener un celular ahora es como el nuevo rito para ser un adolescente en estos días”, dijo Milena Grillo, directora ejecutiva de Paniamor.

Según la investigación, los adolescentes de hoy usan el teléfono celular para casi todo: chismear, compartir experiencias, ponerse de acuerdo para fiestas o tareas, estudiar o acordar ver el mismo programa de TV. Además, con el celular coquetean, comparten música y fotografías.

“Todos ellos tienen o quieren un celular y cuando lo tienen se comunican en una especie de lenguaje muy peculiar –que puede ser excluyente–”, agregó Grillo.

Por ejemplo, José Rodrigo Rojas, alajuelense de 14 años, reconoció a La Nación : “Es muy fácil ahora, si yo quiero que mi papá no entienda nada de lo que converso con amigos por mensajes de texto yo me salto las letras de las palabras o pongo abreviaturas como ‘pk’ para decir ¿por qué?”.

“A veces también mando imágenes en lugar de palabras y ahí él se queda perdido (risas). Así yo puedo ponerme de acuerdo con mis compas para lo que quiera y el ni siquiera entendió”, agregó.

Según los jóvenes entrevistados en el estudio, tener un celular les da la posibilidad de decidir a quién llamar o contestarle el teléfono y en qué condiciones responden un mensaje de texto o una llamada; esto les otorga a ellos cierto poder sobre sus decisiones y su vida. Eso los hace sentir que controlan su mundo y que por eso son más independientes, dicen los investigadores.

“Yo lo que hago es que si no quiero decir dónde estoy, simplemente no contesto y digo que él teléfono no tenía señal o batería”, admitió Karina Varela, de 17 años.

Para Grillo, descifrar este “lenguaje” y utilizarlo con fines pedagógicos será el tema de las siguientes investigaciones de Paniamor.

Otros hallazgos. El estudio también analizó qué motiva a los jóvenes del Gran Área Metropolitana (GAM) a usar Internet, videojuegos, ver televisión o emplear reproductores de música.

En todos los casos, los adolescentes reconocieron que acuden al uso de estas herramientas para enfatizar sus estados de ánimo y entretenerse.

De todas las categorías destacó el empleo de reproductores para oír música. “Este es el pasatiempo más fuerte, la forma que tienen para expresar sus estados de ánimo y es valorada como una forma productiva de emplear su tiempo”, reconoció.

Navegar por Internet también es una de las actividades predilectas. El estudio recalca que, al contrario de lo que se cree, el uso tradicional de la red por un joven costarricense no es de contenido riesgoso, es decir, pornografía o sitios relacionados con violencia.

Sin embargo, sobre el uso de Internet se detectaron diferencias importantes. Mientras los varones tienden a buscar más información, las mujeres usan la red para la integración social. Además, el acceso a sitios pornográficos fue superior en jóvenes de colegios privados que en los de centros públicos.

En relación con el televisor, se identificó que las series foráneas, las telenovelas y los programas que ponen videos musicales son los que más ven. Cada joven observa televisión un promedio de dos horas por día.

Las actitudes hacia los videojuegos son las más negativas. Los jóvenes reconocen que estos son entretenidos, pero poco útiles.

“El estudio se hizo con carácter positivo y nos hace valorar un potencial pedagógico en el uso de estas herramientas pero, a la vez, es una llamada de atención a la comunidad. No se trata de bloquear el uso a la tecnología, sino de cambiar las actitudes hacia ella”, concluyó Rolando Pérez, investigador de la UCR.

http://www.nacion.com/ln_ee/2008/octubre/23/aldea1747152.html

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