Jóvenes que no paran y empleados de la noche llenan los afters

 

El after hour, cuya traducción significa “después de hora”, es una figura que sólo existe en las grandes ciudades, que hace años comenzaron a mover cada vez más temprano el horario de cierre de sus boliches, en un intento por evitar las consecuencias del descontrol nocturno, aunque en muchos casos lo que obtuvieron fue el efecto contrario.

En Rosario, los locales después de hora se nutren a grandes rasgos de dos públicos. Por un lado están los que trabajan en actividades ligadas a la vida nocturna (patovicas, cobradores, relacionistas públicos y trabajadoras sexuales, entre otros) que, al terminar la jornada, buscan un lugar para disfrutar de lo que queda de la noche hasta el amanecer. Por otro lado están aquellos que empezaron la fiesta temprano –más jóvenes en general– a quienes las 5 de la madrugada les parece insuficiente para apaciguar el espíritu y rondan las calles buscando un lugar para seguir.

De este segundo tipo parece ser el público de Tokio, tal vez el único que se presenta abiertamente como after. Allí, en el local de Santa Fe al 1700, un sábado a las 6, los jóvenes hacen cola para entrar mientras amanece. En el ingreso sorprende el despliegue de seguridad: hay policías que hacen adicionales y patovicas contratados, uno de los cuales se encarga de cachear a los hombres y revisar las carteras de las mujeres que llegan.

En el interior. Una vez adentro, previo pago de 13 pesos los varones y 10 las chicas, el panorama que muestra Tokio es similar al de otros cientos de boliches, excepto por la hora. Afuera sale el sol y adentro los jóvenes bailan al ritmo de la música electrónica, muchos de ellos con anteojos oscuros. El público, aproximadamente, va de los 20 a los 30 años.

“Todos chetos”, dice una chica que acaba de entrar, después de exhibir su documento, desencantada con el panorama. Adentro hay jóvenes que no paran de escribir mensajes en el celular, chicas que bailan solas con una botella en la mano, grupitos que se divierten saltando en la pista y algunos pocos que, abatidos por el cansancio, se tumban en los rincones a descansar.

La noche interminable. El sótano “es caro y lleno de pendejitos que sólo quieren llamar la atención y no disfrutar”, escribió, hace más de un año, un rosarino que presentaba las propuestas de after de la ciudad en un foro virtual. En ese espacio sobre vida nocturna se hacía referencia también al Willie Dixon (“rock nacional, no tan caro, dura hasta las 9, 9.30 maso…”) y a Tokio, tal vez los tres locales más reconocidos como after en Rosario.

Diferentes. Un caso diferente es el de los lugares como El beso, en barrio Pichincha, que no se consideran como after, aunque allí la gente más grande tiene oportunidad de disfrutar de la noche hasta cerca de las 8. En el local, reconocido por una gran concurrencia de público gay, el movimiento empieza a las 3. Pasadas las 5 se bajan las persianas metálicas, y recién hacia las 5.30 se empieza a llenar. En cualquier caso, allí parece realidad lo que se supone que caracteriza a los lugares “después de hora”: gente que quiere disfrutar de la noche hasta lo último, sin molestar a nadie.

Claro que, en esta ciudad, eso no siempre se consigue.

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/10/05/noticia_5741.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s