Sobre el consumo cultural en Saltillo. Última parte.

Entornos borrosos. Saltillo y el consumo cultural.

 

 

Una cultura es un entorno borroso: no hay una realidad que pueda ser entendida a través de un pensamiento y una acción dicotómica, sino más bien paradójica, ambigua, porque en si misma hay múltiples realidades y todas ellas conforman la totalidad de su sistema.

 

Todo indica que así es, y  el libro de Irene Ewald parece hacerlo evidente al realizar la encuesta en la ciudad de Saltillo sobre el consumo cultural, ciudad que se asienta en su propio pasado y en una estratificación social  de su población que sigue actuando, y sin el cual no es posible entender las nuevas dinámicas, las nuevas lógicas, la borrosidad que se ha ido configurando desde tiempo atrás y que parecen alterar las dimensiones espaciales y temporales de la manera como se materializa la organización de lo simbólico[1].

 

Desde la descripción del equipamiento de ofertas culturales de algunos subcampos culturales se va haciendo evidente la tensión de fuerzas, la ambigüedad y algunas contradicciones: por un lado, aquel que se da entre lo que entienden por cultura por parte de a quienes les toca fomentarla y la manera como la concibe la gente en general; asimismo, el que se da en la misma experiencia entre la población donde se abren dos cosmovisiones: aquella que es propia al subcampo de las artes y aquella que transcurre por otros subcampos, más cercanos a los medios de comunicación, la diversión. Pero, a su vez, la manera como se viven estos mismos subcampos, permeados igualmente por tensiones y aparentes ambigüedades, donde se puede pensar que se dan diferentes entornos, circuitos, culturales, uno de ellos es el que se configura entre la diversión y los medios de comunicación, que pareciera lo más moderno, postmoderno, y el que se configura a través del arte, su difusión y distribución.

 

Si concentramos la mirada en el mundo de la diversión y de los medios veríamos que estos no son tan nuevos. Más bien, habría que pensar que tienen una larga historia donde se han dado, por lo menos, dos tendencias: una renovación continua y una mayor presencia y centralidad. Respecto al arte, habría que pensar más bien en función de ausencias y limitaciones, esferas donde, probablemente, la misma población en general no ha gravitado, o sólo un reducto específico de la población y para cuestiones muy particulares. Pensemos en la mayoría de la población de la misma ciudad de Saltillo, y que en mucho se refleja en la misma muestra de la encuesta: jóvenes, mujeres; estudiantes, amas de casa y obreros. Todo indica que el arte ha estado más cercano, en el hecho y en las representaciones sociales, a la educación.

 

Y entre la diversión y los medios de comunicación encontramos varias tendencias, pero la que interesa señalar en este momento se refiere a que se puede observar un espectro que conducen a las vertientes tradicionales, propias del territorio, y las que vienen más con un aire modernizador, cosmopolita. Por ejemplo, en lo que se refiere al equipamiento de la diversión sobresalen los parques y plazas públicas, los centros comerciales y los restaurantes, mientras que donde se observa un menor equipamiento es en las arenas para la lucha libre, los cabaretes y las plazas de toros, y entre ellas hay dos tendencias: aquellas que implican la convivencia y los vínculos en y entre grupos cercanos (al parecer la familia, amigos, pareja), y aquellas que requieren más un ambiente, una virtualidad para estar y hacer cosas, y convivir a partir de ellas. Esto también se puede observar con las actividades culturales con mayor preferencia: la asistencia a ferias, parques y plazas públicas, ir al cine, y las que tienen menos aceptación (corridas de toros y charreadas, talleres de arte, cine de arte). Todo indica la enorme presencia de lo popular en la experiencia colectiva, como lo expresa Michel Maffroli, aquello que “funda sociedad”, que se sale continuamente de las miradas e imperativos morales tanto políticos como económicos[2], y, también, las tendencias de renovación y transformación de lo popular, que parece cobrar otros sentidos, medios de vivirse, materializarse a través de formas y estilos de vida[3].

 

Otra manera de observar el vínculo entre la diversión y los medios de comunicación, es a través del consumo de éstos últimos. De entrada, sobresale que los dos medios de comunicación con los que más se vinculan los habitantes de Saltillo son la televisión (87%) y la radio (81%), se podría explicar en gran parte porque son las dos tecnologías más presentes en los hogares. El siguiente medio que más consumen es el periódico (77%), seguido del cine (56%), y esto último me parece que señala, junto con el equipamiento y las actividades culturales que más se realizan, como una de las principales prácticas culturales en la actualidad, y quizá a lo largo del siglo pasado. Llama la atención que el medio que menos se consume es el de la computadora e internet (36%), y el video (38%), dos de las nuevas tecnologías más “modernas”, y sobre las cuales se tiende a señalar en gran parte, las tendencias de cómo se están transformando las sociedades. Este tipo de tendencias nos debe invitar a reconsiderar los planteamientos del desarrollo de los medios de comunicación, la entrada de las nuevas tecnologías de información, y, por tanto, el factor de lo local. Además de lo anterior, también hay que destacar el para qué se consume la mayoría de los medios de comunicación, y que entretenerse e informarse es la tendencia generalizada, mientras que el factor educativo, estético, y la información especializada es lo que menos atrae.

 

No es gratuito con todo lo anterior la aparente contradicción entre lo que la gente piensa de la cultura (un acto para conocer, saber), o el enorme hueco de no saber qué significa, mientras que la representación que tienen del tiempo libre es la descansar, la intimidad, aquella temporalidad dedicada a si mismo, a la familia, a divertirse. El entretenimiento estaría más ligado a esto mismo, convivir, y por lo mismo se hace evidente una revisión a nuestras nociones sobre qué es y ha sido el entretenimiento en nuestras sociedades[4].

 

En mucho, los resultados de la encuesta parecen evidenciar lo ya expresado en otras investigaciones[5]. El punto es que con ella, se hace evidente para su propio entorno, y para los entornos más amplios es una evidencia tanto de lo que se generaliza, como de las especificidades que puede tener dentro de marcos particulares, como sería el caso de las prácticas culturales religiosas, por dar un ejemplo. Asimismo, se ponen los marcos para, mediante otras investigaciones futuras, encontrar la densidad histórica y cultural tanto de la manera como se conformaron las ofertas y los públicos culturales, como la manera como se le otorga sentido y estructura a la vida cultural de la ciudad de Saltillo[6].

 

Pero asimismo, es necesario hacer una serie de reconsideraciones, de poner más atención y detenimiento, como se ha ido haciendo evidente por medio de otras encuestas que se han venido realizando, sobre lo que significa desde nuestros entornos, más en lo regional y en lo local, una serie de nociones y de pensamientos que se han ido manifestando sobre las culturas contemporáneas, aquellas que hablan de la desterritorialización, la llegada de lo virtual y la entrada de “un mundo desbocado” propio de la globalización, la misma presencia, y peso, de las tradiciones, y otras tantas más que vistas desde lo global parecieran tener la batuta, pero vistas al ras del piso, desde lo cotidiano, lo local, parecen abrirse por medio de sendas que no necesariamente son las de las vertientes observadas, y que el mismo mundo global está cargado de “borrosidad” cuando se le mira desde estos entornos[7].

 

Los territorios que se poblaron en Tierra Adentro han cambiado, y han estado moviéndose desde hace mucho tiempo, y lo seguirán haciendo, por lo que toca seguir preguntándose y haciendo nuevos actos de indagación. No todo se ha dicho, y nuevas preguntas se abren ante lo visitado por Irene Ewald. Habrá que ver.


[1] Debray, Regis (2001). Introducción a la mediología. Barcelona, Editorial Paidós.

[2] Maffesoli, Michel (2001). El instante eterno. El retorno de lo trágico en las sociedades postmodernas. Barcelona, Editorial Paidós.

[3] Ver: Real, Michel (2001). “Cultural theory in popular cultura and media spectacles”, en Lull, James (editor), Culture in the communication age. London, SAGE; Hannerz, Ulf (2001). “Thinking about culture in a global ecumene”, en Lull, James (editor), Culture in the communication age. London, SAGE; Chaney, David (2001). “From ways of life to lifestyle: rethinking culture as ideology and sensibility”, en Lull, James (editor), Culture in the communication age. London, SAGE.

[4] Ver: Dyer, Richard (1992). Only entreteinment. London, SAGE.

[5] Aunque no son particularmente sobre el consumo cultural, recomendamos ver: Jóvenes mexicanos del siglo XXI. Encuesta Nacional de Juventud 2000. México, Instituto Mexicano de la Juventud, 2002; Atlas de infraestructura cultural en México. México, CONACULTA, 2003.

[6] González, Jorge (2001). “Frentes culturales: para una comprensión dialógica de las culturas contemporáneas”, en Estudios Sobre las Culturas Contemporáneas. Universidad de Colima, Época II, volumen VII, número 14.

[7] Hannerz, Ulf (1992). “Escenarios para las culturas periféricas”, en Alteridades. Universidad Autónoma Metropolitana, Año 2, No. 3.

 

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