Sobre el consumo cultural en Saltillo. Primera parte.

El consumo cultural. Aproximación teórica  y aplicada, de Irene Ewald Montaño fue publicado en el 2004.

Irene me invito a presentar en su momento el libro y escribí un documento de nueve cuartillas que no pude leer completo el día de la presentación, y que las revistas a quienes les propuse publicarlo “se les perdió”. Así, varios años después, lo presento ahora en varias partes.

Tierra Adentro.

 

 

Durante el siglo XVII a las tierras que se extendían al colindar con la ciudad de Querétaro, y que en esos tiempos era el “norte” de la Nueva España, se le conocía como “la puerta hacia Tierra Adentro”.  Territorio inhóspito, poco explorado y conocido, que se abría y se orientaba hacia el centro y el norte del país, se convertiría en un laboratorio de poblamiento, de mezcla de razas, de sistema de ciudades, formas de vidas urbana y rural, que cobrarían mayor vida y presencia en la escena nacional durante el siglo XVIII y el XIX.

 

La puerta hacia Tierra Adentro señalaría una división entre dos mundos, no sólo en lo que se refiere a la capacidad administrativa, legal, militar de su administración y organización, sino de su configuración sociocultural a partir de sus antecedentes históricos y de los proyectos políticos, administrativos y culturales que emanarían con el transcurso del tiempo. Dos enormes zonas de las cuales emergerían a su vez una diversidad de territorios, de regiones, cada una con peculiaridades y hartas complejidades.

 

El centro y el norte del país provienen del impulso novohispano, que andado el tiempo fueron configurando peculiaridades que fueron más o menos definidas y claras ya al entrar al siglo XX, las formas y características propias para su reproducción y continuidad como culturas locales. Pero, también andando el tiempo, algo comenzó a suceder: un nuevo impulso que provenía de lejos llegó a esos territorios, a la par que en todo el mundo, y recientemente han ido observando como sus formas de vida se han ido alterando y han entrado en un proceso de transformación cultural, tornando más complejas sus realidades propias.

 

En el norte del país se han venido gestando una serie de transformaciones generalizadas que propician un re acomodo a sus maneras tradicionales de ser, sus tendencias económicas, sus vínculos con otras zonas y territorios, el tipo de personalidad y mentalidad colectiva, sus equipamientos urbanos, han resentido con mayor intensidad los movimientos que llegan de lejos y que se imprimen en sus formas de vida de manera particular[1]. En mucho, lo que ahí sucede es un nuevo laboratorio de lo que acontece en el país.

 

 

 

 

(Nuevos) Vientos que llegan del Norte.

 

 

En uno de estos lugares, la ciudad de Saltillo, Coahuila, ha aparecido un libro, que aborda el tema del consumo cultural. Se trata de la obra de Irene Ewald Montaño, El Consumo Cultural. Aproximación teórica y aplicada. Como viento que llega del Norte, tres preguntas me asaltan. ¿Cómo leer este libro?, ¿Por qué sobre el consumo cultural?, ¿Por qué Saltillo?

 

Me parece que en este caso las tres preguntas manifiestan un proceso oculto en el proyecto de investigación de la cual es producto: la opción por la investigación como medio para comprender las transformaciones culturales de una región en un contexto contradictorio, pues ante la cantidad, magnitud e intensidad de los cambios, la información necesaria y básica para seguirles la pista, no sólo es casi inexistente, sino que en muchos casos ni se enteran de que es necesaria, o ni les interesa.

 

Como en algunas ciudades del país, los cambios incesantes han propiciado un fenómeno en paralelo: la presencia de una creciente reflexividad que busca entender no sólo lo que está ocurriendo, sino la posición del sujeto que se hace las preguntas[2]. Es decir, la reflexividad que se genera es una “reflexividad de segundo orden”: el reconocimiento de la información, y de cómo pensar la información. Y al acceder a ese “segundo orden”, sucede algo más: el sujeto es consciente de los entornos desde los cuales accede y piensa la información[3]. De esta manera me parece que la presencia del libro en cuestión ha implicado el reconocimiento de la necesidad de una serie de actores sociales que se tornan conscientes de la importancia de convertirse en “agentes de conocimiento” por vía de acceder a generar una cultura de la información y apostar a constituir una cultura de investigación como medio para lo primero.

 

Pienso que en el consumo cultural encuentra la autora la mirada analítica que le permite acceder a lo que acontece en la ciudad de Saltillo. Es por ello que este libro puede ser leído como si fuera un sistema de información empírico, una plataforma desde donde las verdaderas interrogaciones del consumo cultural comenzarán a tener un sentido más profundo. Lo anterior pueden ser indicios de que no sólo en las ciudades del interior, aquellas que están más allá de la puerta de Tierra Adentro, algo viene ocurriendo que parece desdibujar sus perfiles originales, históricos, tornándolo un entorno social, un sistema social de harta complejidad, sino que estos movimientos traen aparejados la necesidad de una serie de sujetos que den cuenta de esa complejidad.

 

La primera apuesta de la autora se refiere a buscar información de lo que acontece en la ciudad de Saltillo desde la dimensión de la cultura. ¿Por qué la cultura?

 

 

Culturas en movimiento (reloaded).

 

 

Hagamos un breve ejercicio mental. Al hacer las siguientes preguntas, intentemos darles respuestas a través de una lluvia de ideas, de imágenes que provengan de nuestra experiencia cotidiana: ¿Cuántas cosas no existían en nuestra ciudad hace diez años? ¿Hace cinco? ¿Hace dos? El ejercicio puede ser simple, cosa de niños. Pero conforme uno avanza dando respuesta a cada pregunta, algo emerge: un primer escenario de aquellas cosas que forman parte de la vida de la ciudad, de diferentes grupos de personas, de la vida diaria de cada uno. Ahí aparecen algunos indicios de qué ha llegado y por dónde andan los nuevos escenarios de la vida social, personal, y probablemente los nuevos ambientes desde donde se están fermentando las nuevas identidades, subjetividades, relaciones sociales. Por ahí aparecerán también los nuevos equipamientos urbanos, los nuevos artefactos culturales que se han ido integrando a nuestra vida diaria. El ejercicio se complementa haciendo otras preguntas para cada periodo de tiempo indicado: ¿Qué ha desaparecido?, ¿qué ha permanecido?

 

Si el ejercicio es grupal, colectivo, al final tendremos un mapa de lo posible de nuestros entornos y en ese mapa encontramos algo sumamente importante: la vida en la ciudad, la vida social e individual ha estado, y está, cambiando, en diferentes órdenes y niveles. Algo más aparece: la inmensidad desbordante de lo que está cambiando, un movimiento que no parece detenerse ni tener fin, y, también, sin saber para dónde va. Y si pensamos más de fondo, aparecen otras preguntas: ¿cómo pensar esos cambios?, ¿cómo seguirles la pista?, ¿en donde encontrar una mirada y un procedimiento que nos permita darles una coherencia, una organización, que nos permita comprender, aunque sea en parte, lo que está sucediendo, lo que puede suceder?

 

En la visión de algunos, la apuesta es que en la perspectiva cultural es donde se puede encontrar parte de las herramientas, las miradas que pueden ayudar en mucho. Si bien la cultura ha sido un concepto ambiguo, complejo, contradictorio, también ha ido mostrando que el estudio de las dimensiones simbólicas que emanan de la vida social es fundamental para entender en mucho el tipo de organización y vida social que se ha desarrollado en el mundo, a través de la historia y en el presente, porque ha ido propiciando una mayor atención a la vida que se teje de manera orgánica a partir del nivel de vida de los individuos, la vida cotidiana, y cómo desde ahí se dan formas de vida social que desde otras miradas no adquieren visibilidad ni relevancia[4]. Mirada que se teje sobre los “intersticios”, más en lo societal que en lo social, y que permite observar y comprenderla como una construcción social e histórica, una zona de tensiones de temporalidades, desniveles sociales al interactuar, de divisiones y distinciones mediante los cuales lo social cobra espesor, profundidad, dinamismo y tendencias reales y posibles[5].

 

Asimismo, no ajena a confrontaciones que provienen de conceptualizaciones y apuestas diferentes respecto a qué debe ser entendido como cultura, se ha ido reconociendo que mucho de lo que sucede con y en las ciudades actuales, no se puede entender por la acción de una serie de elementos y factores que remiten a la dimensión simbólica de la cultura, como los medios de comunicación, las nuevas tecnologías de información, ya que los procesos económicos, por medio del giro que se ha dado con el paso de una economía basada en la producción a otra basada en el consumo, tienen igualmente en la dimensión de la cultura, centrada y orientada en la manera como los grupos de individuos se reconocen y se distinguen entre si, en la diversidad de entornos en los cuales viven y las diferentes subjetividades y auto identidades que van emergiendo, en los nuevos actores y movimientos sociales que se van tornando visibles y actuantes en lo social, una base de acción y orientación. Desde hace varias décadas, las ciudades son los escenarios donde todos estos movimientos se resienten y se dan cita: el contacto de lo global con lo local, de la historia con las genealogías locales, de lo ordinario con lo mediático, de las lógicas económicas y tecnológicas con las matrices culturales y sociales.

 

Pero estos mismos escenarios no dejan de impactar a la misma noción de cultura, la cual entra, a su vez, en un proceso de renovación conceptual (reloaded) que intenta dar cuenta de estas especificaciones y tendencias. Las visiones que emergen son múltiples y en ocasiones en contradicción y en conflicto. Sin embargo coinciden en dos puntos: la apuesta en la dimensión de la cultura para intentar dar cuenta de lo que sucede en las ciudades del mundo, la necesaria inclusión de los diferentes órdenes de la vida social (mundial/global; espacial/virtual; individual/colectivo; pasado/presente).


[1] Para tener una breve descripción de las configuraciones de las culturas del país, y en particular las del norte, ver: Galindo, Jesús (1994). Cultura mexicana en los ochentas. Apuntes de metodología y análisis. México, Universidad de Colima.

[2] Beck, Ulrich (1999). La invención de lo político. Argentina, Fondo de Cultura Económica.

[3] Ver: Navarro, Pablo (1998). “Tipos de sistemas reflexivos”, en Ibáñez, Jesús (coordinador). Nuevos avances en la investigación social I. Barcelona, Ediciones Proyecto a.

[4] Para tener un panorama a la manera como se ha estudiado a la cultura en México desde las perspectivas simbólicas, ver: Valenzuela Arce, José Manuel (coordinador) (2003). Los estudios culturales en México. México, Fondo de Cultura Económica.

[5] Ver Maffesoli, Michel (1993). El conocimiento ordinario. Compendio de sociología. México, Fondo de Cultura Económica.

 

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