¿Estudios de la cultura? 1

En su libro, El campo y la ciudad, Raymond Williams menciona que la poesía inglesa del siglo XVIII tiende a poner el acento en el cambio ya que “los hombres acostumbrados a ver su entorno inmediato a través de las formas intelectuales y literarias recibidas, tuvieron que observar otra modificación dramática del paisaje; la de la ciudad que se extendía y transformaba”. Punto interesante por considerar: el vínculo que se crea entre el observar el tiempo a través de sus transformaciones a partir de la presencia y crecimiento de las urbes, algo que sucederá desde entonces y hasta la fecha.

 

La expansión de la vida urbana vino emparejada con diversos procesos que transformaron las estructuras de conocimiento a partir del siglo XVIII debido a que las experiencias y sensibilidades igualmente eran trastocadas en un proceso que jalaba entre la continuidad del pasado y la efervescencia turbulenta del presente. La ciencia y la tecnología modifican los escenarios urbanos y su relación con el campo; la aparición de nuevos medios de transporte, particularmente el ferrocarril, movilizará a las masas, propiciará nuevos tipos de intercambios, no sólo comerciales, igualmente militares, artísticos, turísticos, científicos; se alteran los estamentos sociales y nuevos actores y movimientos sociales emergen, los cuales gastarán décadas en conformar una nueva base de pensamiento, una nueva mentalidad, a través de las ideologías dominantes del siglo XIX, y los estilos de vida de las diferentes clases sociales.

 

A finales del siglo XVIII era evidente, como se puede rastrear en sus antecedentes durante el siglo XVII, la disolución de una diversidad estructuras de pensamiento y de conceptos que siglos atrás habían permitido organizar la vida cognitiva, simbólica y colectiva y que otros conceptos y estructuras del pensar estaban emergiendo. Varios conceptos que hoy en día se emplean de manera corriente son parte de ese proceso.

 

Uno de esos conceptos ha sido el de la cultura, un espacio conceptual que sufrió un radical cambio semántico a como se le había concebido en la pre modernidad y el cual fungió desde entonces como una memoria virtual para realizar procesos de observación y de diferenciación del orden social e histórico que el mundo moderno fue conformando, a través de una conciencia creciente basada en el orden de pensamiento racionalista.

 

Cultura, expresa Luhmann, vino a cubrir el vacío que estaba dejando otros artefactos de inteligibilidad como lo eran la moral, la religión, y posibilitaba la diferenciación cognitiva y perceptiva entre hombres y naciones por medio de la comparación, jerarquización y estructuración; el sentido de la historia a través de la evolución y los distintos estadios por el cual ha atravesado la humanidad respecto a las otras especies y entre sí; el proceso de individuación que cada individuo podía adquirir a través de un trabajo individual y subjetivo, y del cual emano el sentido estructural y simbólico del arte, la estética, la educación y el aparato jurídico.

 

Ante la necesidad de realizar un corte con el pasado y orientar al individuo a través de la historia que se forja mirando al futuro desde el presente, la cultura redujo el espesor del pasado para situarlo en la epidermis de la memoria colectiva. Es por ello que para la sociología del siglo XIX lo cultural emergió como la dimensión del mundo simbólico mediante el cual la sociedad se ordena y se somete a un orden superior al individual.

 

Ambivalencia y ambigüedad de primer orden: la cultura es un trazo que siempre se tensa entre dos fuerzas, el pasado y el presente, un instrumento para diferenciar y desdoblar la realidad. Emergió como un recurso para dividir el tiempo, para posteriormente tener un  recurso de estabilizar el orden cambiante de la vida social. Conceptos como civilización, ideología, superestructura, representaciones sociales, patrones culturales, fueron parte de ese proceso de objetivar y controlar el cambio, la transformación.

 

Pero en la segunda mitad del siglo XX hubo un cambio significativo en la concepción de la cultura: el mundo entró en procesos de transformación y pusieron en tensión y al límite muchas de las concepciones de la cultura del pensamiento social clásico. La evidencia era cada vez más evidente: no sólo nuevas realidades sociales habían emergido que tenían fuertes impactos sobre los mundos subjetivos colectivos, sino que los metabolismos de las transformaciones no sólo eran más continuas, aceleradas, sino que su propia dinámica era la de pasar de un estado de inestabilidad a otro igual o más cargado de inestabilidad. El rostro más visible de estas dinámicas era la acción de los medios de comunicación, la difusión creciente de una cultura de masas, que se insertaba en la vida urbana, pero que eran los nuevos recursos para marcar la temporalidad propia de los procesos que habían comenzado desde el siglo XIX: la industrialización y la economía capitalista cada vez más centrada en el consumo.

 

No es gratuito que en la década de los sesenta emergiera por diferentes frentes una concepción sociosimbólica de la cultura dentro de las diferentes disciplinas que se habían ocupado de la cultura y que cobraran nuevos bríos los estudios de la cultura de masas, la atención a los medios masivos de comunicación.

 

Tampoco fue gratuito el surgimiento de los Estudios Culturales en Inglaterra, quienes encararon la tarea de re definir el concepto de cultura de una manera más social y antropológica, de propiciar elementos necesarios para su análisis, así como la atención puesta en la acción social e histórica de sujetos sociales concretos en sus vidas cotidianas, dentro de entornos urbanos, y conformando procesos de identidad a través del consumo de bienes y formas culturales.

 

No  fue tal cual, pero los Estudios Culturales británicos intentaron acortar la distancia entre una concepción limitada y parcial tanto de los estudios de la cultura, del pensamiento sociológico de corte marxista, y los estudios de la comunicación que se realizaban en los Estados Unidos, respecto a la cultura, la estructura social y la presencia de los medios de comunicación dentro de la vida social y subjetiva de los habitantes de las ciudades a mediados de la segunda mitad del siglo XX. Eran momentos de mutaciones radicales, tanto social, política como económicamente hablando, y para entenderlo, ampliaron las miradas, disolvieron fronteras disciplinares, académicas e intelectuales, acudieron a la acción constructiva de la historia que le da espesor social al presente, miraron a la vida ordinaria y cotidiana, a las prácticas de los sujetos.

 

En México y América Latina sucedió un proceso similar a mediados de la década de los ochenta del siglo XX y emergieron los estudios socioculturales latinoamericanos para observar las transformaciones en sus principales ciudades, la manera como lo popular era alterado por los procesos crecientes de urbanización, de introducción de una economía neoliberal, la presencia de la cultura mediática y digital, la manera como los procesos de internacionalización daban pie a los de la globalización y cómo esto alteraba igualmente su peculiar modernidad para ingresarla a procesos diversos propios de la posmodernidad.

 

Es decir, los estudios socioculturales apostaron por observar las zonas de diferenciación de un pasado histórico de corte tradicional a otro modernizador de amplias y profundas aspiraciones desintegradoras, e igualmente la mirada recayó en la vida urbana, los actores sociales, sus prácticas cotidianas, la presencia de los medios de comunicación.

 

Los estudios sobre la cultura urbana, el consumo de cultura y de medios, las culturas juveniles, las identidades culturales que emanan de prácticas culturales como la música, el baile, el turismo, los museos, el cine, la televisión, las fiestas populares, los recursos del patrimonio histórico y artístico frente a la industria de la cultura, fueron, entre otros, parte de las agendas y áreas de estudio que se intensificaron y cobraron una mirada más compleja al introducir miradas sobre la hibridación de las culturas, la multiculturalidad en las ciudades, la diversificación de las audiencias dentro de entornos multimediáticos y multitextuales.

 

El acento: muchos de los procesos que los estudios socioculturales comenzaron a observar en las principales ciudades de México y de América Latina se generalizaron y comenzaron a darse en la mayoría de sus ciudades. Desde entonces y a partir de ello, eso ha venido aconteciendo en sus procesos de vida, un proceso complejo, que en la mayoría de los casos no se puede comprender sino a partir de la manera como históricamente se configuraron y entraron en ese proceso, de diferenciaciones varias, entre ellas, las que corresponden a su pasado histórico y a su presente que se acelera y corre por sendas distintas e inéditas a lo que anteriormente había acontecido y habían experimentado dentro de sus entornos y realidades urbanas.

 

Momento de diferenciación y de diversificación: para muchas ciudades del país, sus realidades parecían ser casi inamovibles, o con un metabolismo de frío histórico y cultural, y en un movimiento que en apariencia pareció ser casi de un día para otro, entro en un nuevo metabolismo que aceleró la vida social y se entró a “otro momento” de manera colectiva que mientras ha ido desintegrando parte de su herencia histórica y cultural, a activado otra que parecía dormida o habitaba en la invisibilidad de los mundos subjetivos, los estratos profundos de sus mundos simbólicos y colectivos, así como se integró a procesos varios de orden nacional e internacional.

 

Algo se arraso, algo llego, y en esa tensión que en mucho proviene de las dimensiones simbólicas de la cultura que se materializan de determinadas maneras en la vida social y cotidiana, la pregunta por lo que está ocurriendo y está por ocurrir es una apuesta cotidiana y llena de incertidumbres.

 

La pregunta es, entonces, si los estudios culturales pueden hacer algo con ello. A nivel internacional, las apuestas de la sociología y principalmente de la antropología son que si. Las sospechas provienen de los estudios culturales, aunque hay algunos de sus principales representantes que asumen el reto.

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